Crónica tertuliana

El tema de esta tertulia era “la casa como personaje literario”, la obra el cuento “Casa tomada”, de Julio Cortázar. Un poco pasadas las siete de la tarde, animados los asistentes con las caipiriñas de La Azotea se hizo un repaso a otras casas literarias, como la de los Usher, de Poe o la del Horla, de Maupassant. Casas conocidas por muchos de los que allí estábamos reunidos, por haberlas recorrido en anteriores tertulias. Pero la que había sido elegida para pasar esta velada, la de Cortázar, tuvo un particular efecto magnético y apenas nos dejó acercarnos a las otras.

Hubo en esta ocasión algunas caras nuevas, amigos y conocidos que poco a poco van haciendo lugar en sus quehaceres y rutinas para sumarse a deletrear y que enriquecen con su participación este espacio. Algunos no dejaron de mostrar su asombro ante la aventura de los hermanos. Pero también hubo otros contertulios más proclives a acentuar el carácter absurdo, incluso banal, del relato. Lo compartido, no obstante, fue la admiración por tan singular y poliédrico relato.

Se hizo mención a lo que podría llamarse el “efecto Cortázar”, ese clic que en un determinado momento del relato, de forma natural y sin apenas hacerse notar, cambia el plano de la historia y revela lo fantástico tras la apariencia de lo cotidiano.

Se habló del incesto en relación a la autosuficiencia y complementariedad en la que los dos hermanos vivían, de sus vagos deseos y la comodidad de su encierro, y de cómo los ruidos de la casa tuvieron la función de echarlos a la calle, a la vida, al riesgo y a la aventura.

También se trató a la hermana no como un verdadero personaje sino como el alter ego del personaje narrador, destacándose su labor tejedora cogida entre uno y otro lado de la puerta cancelada.

Se destacó, así mismo el origen de este cuento, que Cortázar reconoce en uno de sus sueños, desentrañando en qué se diferencia el sueño del cuento.

Respecto a la doble naturaleza de aquellos ruidos amenazantes, por un lado ruidos domésticos, propios de una casa habitada: el volcar de una silla, susurros…, pero con la peculiaridad de resonar precisamente en las habitaciones vacías, allí donde no había nadie, los contertulios pasamos de largo; algunos desdeñosos, otros de puntillas, como si se anduviera del lado de los sueños. De este modo, rozando lo real pero también lo fantástico, dio la hora de terminar, porque en La Azotea seguía un recital.

Ya en la puerta algunos tertulianos continuaron hablando del cuento: el sentido maternal que representa la casa…, ideas interesantes que habían quedado en el tintero.

Con la sensación de que nos había quedado mucho por decir, y también con la certeza de que nunca todo puede ser dicho nos despedimos hasta el próximo encuentro. En septiembre nos sumergiremos en la “Niebla” de Unamuno.

Feliz verano a todos.

                                                                                   Alguien que estuvo allí

“Casa tomada: del sueño a la literatura”. Comentario al cuento “Casa tomada” de Cortázar, por Gabriel Hernández García

Cortázar escribió “Casa tomada” inspirado por un sueño. La causa de esta casa es una pesadilla, de la cual el propio autor hizo en varias ocasiones el relato:

“Yo soñé “Casa tomada”. La única diferencia entre lo soñado y el cuento es que en la pesadilla yo estaba solo. Yo estaba en una casa que es exactamente la casa que se describe en el cuento, se veía con muchos detalles, y en un momento dado escuché los ruidos por el lado de la cocina y cerré la puerta y retrocedí… en ese sonido estaba el espanto total. Yo me defendía como podía, cerrando las puertas y yendo hacia atrás. Hasta que me desperté de puro espanto.”

“Entonces yo me precipitaba a cerrar la puerta y a poner todos los cerrojos para dejar la amenaza de otro lado. Y entonces durante un minuto me sentí tranquilo y parecía que la pesadilla volvía a convertirse en un sueño pacífico. Pero entonces de este lado de la puerta empezó de nuevo la sensación de miedo.”

“Era pleno verano. Yo me desperté totalmente empapado por la pesadilla; era ya de mañana, me levanté, tenía la máquina de escribir en el dormitorio y esa misma mañana escribí el cuento de un tirón.”

En ningún momento del cuento se termina de aclarar la naturaleza de esos ruidos, ni porqué toman la casa ni qué peligro suponen. Cuando los escucha, el protagonista hace lo contrario de lo que cabría esperar, cierra la puerta, en lugar de abrirla y ver de qué se trata. “El sonido venía impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación.” Este ligero indicio parece bastarle, ya sabe lo que tiene que hacer, y su hermana está totalmente de acuerdo con él. Pero lo más curioso es que también los lectores parece que sepamos lo que está pasando en la casa. El comportamiento de los protagonistas nos parece muy sensato. Nos admira la presencia de ánimo con la que afrontan la terrible situación y ese heroísmo final del que hacen gala cuando tienen finalmente que abandonar la casa para evitar un peligro cuya causa nadie ha explicado y que, sin embargo, todos parecen conocer.

Se trataría de un saber ignorado, un saber que nunca está allí donde se lo busca, pero que circula entre el sueño y el cuento.

Lo que sí está fuera de toda duda es que Cortázar sabe escribir, es decir, sabe transmitir mediante la ficción literaria ese misterio que venía envuelto en su pesadilla.

Como vimos más arriba, entre el sueño y el cuento Cortázar sólo resalta una diferencia: allí estaba sólo y aquí alguien lo acompaña, pero esa diferencia es suficiente para plantearnos que, si bien se trata del mismo escenario, una casa en la que se oyen ruidos y susurros, las escenas son diferentes. Una es insoportable, la otra no. ¿Querría volver Cortázar a la casa de su sueño? Probablemente no, y sin embargo a la casa de su cuento, a la lectura de su cuento, volvemos una y otra vez, a pesar de lo inquietante que pueda resultarnos. Cómo lo ha conseguido es una cuestión que apunta, entre otras cosas, a la técnica formal con la que la ficción literaria trata lo real, llegando, en alguna medida, a domesticarlo.

En cualquier caso, sí podríamos decir que ese relato que viene a continuación del sueño forma parte de la elaboración onírica que el soñante hace del mismo. Cortázar sale espantado de su sueño y tiene que hacer algo con ese espanto, tiene que elaborarlo. El cuento viene a suplir la falta de elaboración del propio sueño. Freud decía que el sueño es el guardián del reposo. Eso es lo que el soñante Cortázar intenta una y otra vez en su sueño, cerrarle puertas a la pesadilla para poder seguir durmiendo, volver a convertir la pesadilla “en un sueño pacífico”, seguir disfrutando lo más tranquilamente posible de esa realización alucinatoria de deseos a la que también apuntaba Freud. Pero no hay manera. Los mecanismos propios de la elaboración onírica, esos que están ahí para preservar el reposo del durmiente, fallan y la pesadilla termina tomando al sueño.

Con su cuento Cortázar consigue que el escenario del sueño pase de ser angustioso a simplemente inquietante. Y no solamente eso, consigue, además, un efecto estético, hace una obra de arte, lo cual pone de manifiesto la cercanía entre el arte y el espanto.

Eugenio Trias, en su ensayo sobre Lo Bello y lo Siniestro, afirma que lo siniestro es condición y límite de lo bello. En tanto condición no puede darse efecto estético sin que lo siniestro esté, de alguna manera, presente en la obra artística. En tanto que límite, más allá estaría lo horrible en todas sus formas. Posiblemente la moderna escultura hiperrealista sea un intento de traspasar ese límite, una forma de empuje a lo real. Pero el arte no está en lo real, es lo real lo que está en el arte, como muestra este cuento de Cortázar. El efecto estético allí logrado se consigue a base de volver a ligar, volver a tejer –y en este caso la tejedora es la hermana- lo que en la pesadilla aparece roto. De esta forma nos rescata del espanto para ubicarnos en la categoría estética de lo siniestro, ese límite del que hablaba Trías.

Otra de las grandes diferencias que hay entre el sueño y el cuento tiene que ver con el desenlace final. El Cortázar soñante no puede  abandonar la casa de su sueño, quiere seguir ahí a toda costa, y al final la pesadilla lo alcanza. Por el contrario, los protagonistas del cuento abandonan la casa a tiempo. Ponen un límite a su estancia en la casa. Se van antes de que llegue… no se sabe qué, y lo hacen a pesar del coste, a pesar de tener que abandonar allí todas sus pertenencias, su vida cómoda, su paraíso doméstico y sus deseos apagados. Allí el sujeto es tomado junto con la casa, aquí sólo se trata de una casa tomada.

Volvamos  a esa única diferencia que señala Cortázar entre el sueño y el cuento: la presencia de la hermana. En ambas escenas lo que avanza a través de la casa es un sonido indefinido, el volcar de una silla, un ahogado susurro de conversación…, podría tratarse de voces. Pero en el cuento también se hace mención a otro tipo de sonido tan misterioso e indefinido como aquellos: “cuando Irene soñaba en alta voz yo me desvelaba en seguida. Nunca pude habituarme a esa voz de estatua o papagayo, voz que viene de los sueños y no de la garganta”.

La voz de Irene viene de los sueños. También lo desvela y lo saca de su propio sueño.

Esta sería la más eficaz elaboración que el cuento consigue hacer de la pesadilla. El cuento coloca esa voz de este lado de las puertas que se van cerrando, la hace familiar, reconocible, a pesar de su extrañeza. En este punto recogemos el concepto de lo siniestro elaborado por Freud para decir que algo de lo que en el sueño era totalmente humheimlich, extraño, desconocido, ha podido ser llevado al cuento bajo la forma de heimlich, lo familiar, lo doméstico. Algo, pero no todo. La voz de Irene también se transforma cuando duerme, y entonces se hace irreconocible, es decir, podría ser la de cualquiera. En el sueño no se trata de Irene, se trata de la voz, una voz que allí era extraña y aquí puede resultar familiar.

Hablábamos más arriba de todo lo que el protagonista abandona cuando deja la casa. Sin embargo no se va de vacío, se va con su hermana, esa única diferencia entre el sueño y el cuento a la que hace alusión Cortázar. Se va de la casa llevándose la voz de su sueño, una voz que en la pesadilla se amputa del sujeto tornándose extraña e irreconocible, pero que el cuento consigue hacer familiar. De esta forma puede en el cuento abandonar la casa de la que no pudo salir en el sueño.

En cualquier caso no conviene olvidar que algo se quedó en la casa y fue necesario dejarlo bajo llave.

Gabriel Hernández García (Psicoanalista)

La casa como símbolo de la subjetividad, por Mari Cruz Alba

Voy a comenzar por detenerme en el verbo “tomar” que según la RAE    tiene treinta y tantas acepciones que van desde comer y  emborracharse, hasta, la acción del macho de cubrir a la hembra, pasando por tomar lo que no es tuyo, como puede ser hurtar o tomar una cuidad en situación de guerra.

También se  toman  fotografías o planos en el cine, o bien tomamos un camino o la tomamos con  alguien.

Es posible que la que mas acorde con el cuento sea la  acepción de “Ocupar un sitio cualquiera para cerrar el paso o interceptar la entrada o salida”.

Hay otras dos que me parecen especialmente interesantes y que también me han guiado en este comentario.

Una es la de tomar como interpretar algo en determinado sentido, de tal manera que algo que sea tomado es darle un nuevo sentido;  y la otra es la  de recibir en un mismo los usos, modos o cualidades de otro, es decir  imitarlos.

Cortázar en este cuento hace un desplazamiento de la familia a la casa, la casa como identidad familiar y como soporte material de la construcción subjetiva de sus miembros.

Así vemos en el cuento cómo la casa determina a los personajes hasta tal punto que es la casa la que nos los deja casarse, la que les impide a los personajes dejar de ser hijos para poder llegar a ser un hombre y una mujer y poder tener un partenaire o formar su propias familias.

Este desplazamiento también lo podemos ver en el cuento “La caída de la casa la Usher” con cuyo nombre Edgard Alan Poe se refiere tanto a la familia como a la mansión familiar.

Ambos cuentos nos muestran la casa como identidad, como lugar de ser y de vida y también de muerte.

Los personajes de la casa tomada no tienen más identidad  que ser hermanos. El único rasgo de identidad que Cortázar nos muestra del personaje narrador viene por la casa y por su condición de ser el hermano de Irene, es de la casa y de su hermana de lo que quiere hablarnos, ya que, como nos dice, él no tiene ninguna importancia.

Por su lado, Irene tampoco tiene mas identidad que ser una hermana pues lo demás, es decir los otros semejantes, mas allá de la familia no existen, es mas,  sería una molestia, y ella ha nacido para no molestar a nadie.

La casa como espacio vivido toma un sentido subjetivo. El poder de la casa familiar, para sostener las identificaciones y las construcciones subjetivas  no viene dado por el valor de la finca, ni por los objetos valiosos que ella pueda contener, como los exquisitos gobelinos del cuento, sino que es un poder construido a lo largo de la historia familiar, procede, digamos, de una construcción, de una construcción de sentido.

Cuando habla de ese polvo que se palpa en los muebles, que cuesta trabajo quitarlo, que vuela, que se suspende en el aire e inmediatamente se vuelve a depositar en el mismo sitio, en esta preciosa metáfora del polvo,  ahí podemos ver la insistencia y persistencia de este sentido subjetivo.

A lo largo de todo el texto de La casa tomada y en especial con esta metáfora del polvo, Cortazar nos muestra la inmovilidad mortífera que pueden suponen algunas identificaciones familiares.

La casa tomada como cuerpo

 Según Julio Cortázar, todos los cuentos, en especial los fantásticos, cito textualmente “son productos neuróticos, pesadillas o aluci­naciones neutralizadas mediante la objetivación y el traslado a un medio exterior, al terreno neurótico”

Es a partir de la lectura de estas declaraciones de Cortázar que pienso en el cuerpo.

Para el psicoanálisis  cuerpo y organismo no son lo mismo.

El organismo es pura naturaleza programada que siempre sabe lo tiene que hacer para sobrevivir. Los animales son guiados por el instinto, instinto que en el ser humana está totalmente alterado por el lenguaje.

A diferencia del organismo que viene dado, el cuerpo es una construcción, es algo a construir.  El cuerpo es un organismo touché, tocado por el lenguaje, de tal suerte que dicha programación queda totalmente desprogramada. La consecuencia de esto se pone de manifiesto en las dificultades que tenemos en relación al propio cuerpo.  Para todos existe la dificultad estar siempre intentando averiguara cual es la medida exacta de lo que tenemos que comer, de las relaciones sexuales que queremos tener o de lo que hemos de defender, pues todo esto siempre es subjetivo, y no depende del instinto sino de una serie de factores culturales, todos ellos derivados, en última instancia del hecho de que el ser humano habla.

Y al igual que la casa de Cortazar es tomada por ruidos extraños, podríamos decir que cuando el organismo es tomado por las palabras puede convertirse en cuerpo, pues para el psicoanálisis de entrada el cuerpo no existe, al contrario, el cuerpo es algo a construir. Una construcción hecha con tres tipos de elementos, el organismo, la imagen de ese organismo y las palabras puestas sobre ambos.

Si en el cuento las piezas de la casa, que una vez tomadas, van siendo abandonadas,  de igual manera, una vez los distintas partes del cuerpo son humanizadas por la imagen y por las palabras, pasarán a tener una función diferente a la puramente anatómica o fisiológica, e incluso pueden llegar a ser abandonadas.

Y no digamos de la sexualidad que por supuesto ya no es guiada por el instinto con el único objetivo de la procreación, sino que se convierte en la parte más compleja y la fuente de los mayores sufrimientos para el ser humano, desde el momento en el que va acompañada de los afectos y del amor.

Y así sucesivamente, con todas y cada una de las partes de nuestro cuerpo, y principalmente con los orificios, pues es alrededor de ellos donde se juega la conveniente erotización del cuerpo. Así es como la boca ya  no solo servirá para comer, sino también para besar.

Hacerse un cuerpo y poder vivir con él, sabemos que es algo bastante complicado, pues, el resultado de esa construcción del cuerpo hablado no es una operación exacta, no es una división exacta, sino que es siempre hay un resto, un resto con el que no sabemos muy bien como manejarnos y que vemos como se manifiesta por ejemplo en los ya clásicos  rechazos neuróticos del cuerpo.

En nuestro entorno, vemos síntomas como la anorexia, la bulimia,  las toxicomanías, y la fibromialgia, que son las diversas formas en las que Actualmente vemos manifestarse la pulsión mortífera del rechazo al propio cuerpo.

Sabemos que todos esos síntomas son la manera en la que los cuerpos hablan, se trata entonces escucharlos, y no abandonarlos a la deriva del sufrimiento, pues sin cuerpo no hay vida.

 

“La casa tomada, el paraíso perdido”. Comentario a Casa tomada, de Julio Cortázar, por Concha M. Miralles

 

Durante estos meses se rinde homenaje, tanto en París como en Buenos Aires, a  Julio Cortázar por la conmemoración de los 50 años de la publicación de Rayuela, una obra que revolucionó la literatura. Cortázar vuelve a ser noticia literaria. Para nosotros, los que hacemos Deletreados, también lo es, en esta ocasión con su “Casa tomada”. Este cuento, escrito en 1945, forma parte del  volumen de relatos Bestiario, publicado en 1951. Apareció, sin embargo, publicado por primera vez en 1946 en la revista }’, publicada por Jorge Luis Borges. Está considerado como un ejemplo temprano de las narraciones fantásticas del autor— comienza de manera realista e introduce paulatinamente un ambiente de distorsión de las leyes naturales. Como veremos, la estrategia narrativa que sigue el autor en este cuento está diseñada para conseguirlo.

Las apenas cuatro páginas que conforman este relato han dado mucho de qué hablar. Se dice que es el relato de Cortázar que mayor cantidad de estudios ha generado. Los hay desde los que hablan de las relaciones incestuosas, hasta los que ven en las partes de la casa simbolizada la estructura psíquica del ello, yo y superyó, pasando por los que encuentran una crítica velada del autor al peronismo o una recreación del mito del minotauro. Lo cierto es que lo que  cuenta es la historia de dos hermanos (Irene y el narrador) que siempre han permanecido juntos en una casa familiar muy antigua. Ninguno de los dos se ha casado bajo el pretexto de cuidar la casa y les repele la idea de que un día, cuando ellos mueran, primos lejanos la vendan para enriquecerse. Después de una detallada descripción de la casa y de las meticulosas costumbres de sus habitantes, encontramos el nudo: a causa de unos extraños ruidos (susurros, el volcar de una silla…), estos dos hermanos van abandonando partes de la casa que son tomadas por los intrusos, a los que nunca se ve. Las incursiones de éstos acaban por tomar toda la casa y los hermanos van desplazándose poco a poco a lo largo de las habitaciones, hasta verse expulsados en la calle.

No sabemos la naturaleza de los intrusos, esos “otros” que habitan la casa y que se hacen sus dueños. No sabemos cuántos son, si son hombres o mujeres, ancianos o jóvenes. No sabemos qué quieren ni lo que han venido a hacer allí; si están muertos o vivos, pero nada de eso tiene ninguna importancia. Y esto es lo sorprendente, lo que verdaderamente le da valor al relato: la facilidad y resignación de los dos hermanos a la extraña situación, como si en realidad formara parte de algo esperable dentro de la cotidianidad. Actúan como si lo que sucede lo estuvieran esperando desde siempre. Todo es absolutamente cotidiano y transcurre dentro de las leyes de la normalidad hasta que él le anuncia a la hermana que “han tomado la casa”. Es ahí donde se produce el “clic”, el giro de llave que abre una nueva puerta en el relato y que da entrada a la nueva dimensión, la situación fantástica. Si Irene hubiera reaccionado con sorpresa, si le hubiera preguntado: ¿a qué te refieres?, si simplemente hubiera enarcado sus cejas, el relato sería otro, y no tendría el efecto que tiene. Pero Irene asume con absoluta normalidad y resignación que tendrán que dejar esa parte de la casa, y los dos están de acuerdo y actúan de este modo, huyendo progresivamente hasta la calle a medida que los intrusos avanzan. Irene, con su aquiescencia y naturalidad ante el anuncio de lo extraño es la que nos adentra en lo fantástico sin darnos cuenta.  Es algo normal, algo que de alguna forma debía ocurrir… Cuando nos damos cuenta, ya están fuera, expulsados de forma irremediable de su propia casa. Ángeles caídos a un nuevo mundo para el que no han tenido la precaución de salir preparados: han dejado el dinero dentro, no llevan nada, sólo lo puesto. Ella lleva su tejido en las manos, pero ha dejado dentro el ovillo de lana; el hilo ha quedado también dentro y ya no podrá seguir tejiendo… Es lo único que queda entre los dos mundos. Pero ella abandona su tejido. Por alguna razón sí llevan la llave de la casa, de la cual se deshacen tirándola por una cloaca después de haberla cerrado (“no sea que algún pobre diablo entre a robar y se encuentre con la casa tomada”). Nadie podrá entrar, pero los intrusos tampoco podrán salir afuera ahora. ¿Es ese cierre al mundo del pasado un nuevo mecanismo de seguridad para estar a salvo en el nuevo mundo en el que se encuentran? Las presencias, los seres misteriosos son los que ocupan ahora el paraíso perdido, campeando a sus anchas por todo el espacio de la casa. Si antes había sólo un mundo, seguro y estable, y no teníamos noticia de este otro, ahora, desde la posición de los desposeídos, de los expulsados y arrojados a su suerte, nos encontramos con el de afuera, el de los ángeles caídos. En el reloj de pulsera de él –que lleva puesto- aparece un nuevo elemento que ofrece unas nuevas coordenadas de realismo y cotidianidad. Hasta este momento el tiempo no tuvo ninguna presencia. Ahora, de pronto, son las 11. Clic.

Concha M. Miralles (Psicóloga y escritora)

La casa como inspiración poética: tres poemas

TRES POEMAS SOBRE LA CASA:

  1. JUAN GELMAN
  2. MIGUEL HERNÁNDEZ
  3. CONCHA M. MIRALLES

Con amenazas y promesas con veneno y ajenjo…

Con amenazas y promesas, con veneno y ajenjo
los albañiles edificaron la casa del rey
y después no pudieron holgar porque
vino la muerte a darles otro empleo

Los albañiles le dijeron a la huesuda
no nos lleves hay qué hacer todavía
hay que revocar a fino las paredes hay que
limpiar las manchas de cal los carpinteros

tenían que mejorar el acabado
de las puertas los marcos de las puertas
los pintores no habían terminado de pintar
¿cómo nos vas a tomar ahora? le decían

Pero la muerte dijo que
necesitaba un palacio como aquél y más
bello que aquél y quería que trabajaran para ella y
los empezó a separar por oficio

Hasta que llegó a Hiranyaka el mejor
de los albañiles autor de paredes famosas y cuando
lo iba a pasar al otro lado le preguntó
¿dónde está tu corazón?

Tiene que venir también tu corazón.
No lo tengo, contestó Hiranyaka.
Ha hecho su casa en una mujer.
Oh muerte, restos de mi corazón
encontrarás en cada casa de este reino.
En cada pared que levanté hay restos de mi
corazón, pero mi corazón
ha hecho su casa en una mujer.       JUAN GELMAN

 

CANTAR

Es la casa un palomar
y la cama un jazminero.
Las puertas de par en par
y en el fondo el mundo entero.

El hijo, tu corazón
madre que se ha engrandecido.
Dentro de la habitación
todo lo que ha florecido.
El hijo te hace un jardín,
y tú has hecho al hijo, esposa,
la habitación del jazmín,
el palomar de la rosa.

Alrededor de tu piel
ato y desato la mía.
Un mediodía de miel
rezumas: un mediodía

¿Quién en esta casa entró
y la apartó del desierto?
Para que me acuerde yo,
alguien que soy yo y ha muerto.

Viene la luz más redonda
a los almendros más blancos.
La vida, la luz se ahonda
entre muertos y barrancos.

Venturoso es el futuro,
como aquellos horizontes
de pórfido y mármol puro
donde respiran los montes.

Arde la casa encendida
de besos y sombra amante.
No puede pasar la vida
más honda y emocionante.

Desbordadamente sorda
la leche alumbra tus huesos.
Y la casa se desborda
con ella, el hijo y los besos.

Tú, tu vientre caudaloso,
el hijo y el palomar.
Esposa, sobre tu esposo
suenan los pasos del mar.

MIGUEL HERNÁNDEZ

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“LA CASA”. Concha M. Miralles

La casa guarda vapores que adormecen

y raíces invisibles que suben de la tierra cada noche

para atarte las muñecas mientras duermes.

Odia los planos, los itinerarios y los mapas,

que escupiría sin piedad de sus paredes

(si has de irte guárdate el secreto).

Prefiere los sonidos de los pasos

al remoto silenciar de las ausencias.

Es hipnótica, tirana, irreverente.

Hay casas lobo que beben lunas llenas

y conjuran el alma de sus hembras

al obsesivo afán de su belleza.

(“Libertad condicionada”, Concha Martínez Miralles. Edit. Torremozas)

 

Otras artes: la casa como inspiración pictórica

La casa es una de las fuentes de inspiración artística, cuyo rastro encontramos no sólo en la literatura. Hacemos un breve recorrido por la obra de pintores como Van Gogh, Dalí, Renoir, Picasso o Mondrian…

1. Van Gogh.
Van Gogh

 

2. Dalí:DalíDali_ventana3. Van Gogh. “La casa amarilla”la casa amarilla -van gogh4. Renoir. La casa de ColletteRenoir. Mansión de Collette5. Manet.

manet6. Picasso. Paisaje mediterráneo.picaso, paisaje mediterraneo. bueno