Dalí y el Don Juan Tenorio

Don Juan Tenorio de José Zorrilla es la obra más popular y emblemática de toda la historia del teatro español. Desde su estreno en el Coliseo de la Cruz de Madrid en 1844, se han sucedido cientos de versiones e interpretaciones de tenorios por todos los teatros de España. Una de ellas, convertida en legendaria es el denominado Don Juan Tenorio de Dalí.

Fue en 1949 cuando Luis Escobar decidió hacer una versión revolucionaria e innovadora del Don Juan Tenorio de Zorrilla, para lo cual encargó la realización de los decorados y el vestuario a Salvador Dalí. La obra fue estrenada en el Teatro María Guerrero de Madrid, el 1 de noviembre de 1949, bajo la dirección escénica de Luis Escobar y Huberto Pérez de la Ossa. Después lo haría en el Teatro María Guerrero, el 3 de noviembre de 1950, y la última en el Teatro Español, el 30 de octubre de 1964. La crítica no fue unánime, pasó del entusiamo al rechazo.

Dalí había acogido con gran entusiasmo el encargo de diseñar la escenografía y los figurines para el Don Juan Tenorio. Él había dicho: “Estaba escrito que yo tenía que hacer un Tenorio. Es una obra típicamente daliniana. Era absolutamente inevitable.

La finalidad del proyecto era modernizar la puesta en escena del Tenorio ajustándose al original y potenciando el carácter fantástico-religioso .  Dalí quiso crear un ambiente sugestivo y poético, utilizando decorados simples pero con una fuerza y gran carga simbólica representadas en: la azucena en Doña Inés, la tornera sin rostro, el destino en las Parcas, la inocente paloma en la jaula, el mal augurio en la rotura de un plato y en las mariposas o las continuas calaveras. Todo ello presagiaba el fatal destino que parecía conducir a Don Juan.

Aunque han desaparecido muchos de los bocetos originales, todavía hoy se conservan algunos esbozos de decorados y de vestuario firmados por Salvador Dalí entre 1949 y 1964, y que afortunadamente se guardan en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y el Museo Nacional del Teatro.

Cartel del Don Juan Tenorio, de Dali

Boceto para el fondo de escenario de «Don Juan Tenorio»

 

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Bailando con Don Juan…

 

 

«Have you ever really loved a woman?» es una canción escrita por Bryan Adams, Michael Kamen y Robert John “Mutt” Lange en 1995, para la película Don Juan DeMarco, una recreación del Don Juan Tenorio del director Jeremy Leven, producida por Francis Ford Coppola y protagonizada por  Johnny Depp y Marlon Brando.
El tema cuenta con la presencia del reconocido guitarrista flamenco Paco de Lucía. Además fue nominada al Oscar como Mejor Banda Sonora por la película de la cual formó parte.

Los donjuanes de la literatura. Machado y su retrato.

Rastreando antecedentes del mito del Don Juan en la literatura encontramos la referencia que hace Antonio Machado en su poema “Retrato” a Miguel de Mañara, personaje real que nació en Sevilla en 1627. En su juventud fue un seductor, pero encontró paz en el matrimonio con la mujer amada y al morir ella dedicó el resto de su vida al servicio de los pobres. Pronto surgieron leyendas que intentaban explicar su conversión: la seducción de una monja, único tipo de mujer que faltaba en su lista, o quizá la visión de su propio entierro.

Retrato

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero. 

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.