La mirada del horror: El zapato de Rufus & La cabeza de Medusa

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La cabeza de Medusa (Caravaggio, 1597)

En la mitología griega, Medusa ( ‘guardiana’, ‘protectora’) era un monstruo femenino, que convertía en piedra a aquellos que la miraban fijamente a los ojos. Fue decapitada por Perseo, quien después usó su cabeza como arma hasta que se la dio a la diosa Atenea para que la pusiera en su escudo, la égida. Desde la antigüedad clásica, la imagen de la cabeza de Medusa aparece representada en el artilugio que aleja el mal conocido como Gorgoneion.

En 1940 se publicó póstumamente el artículo de Sigmund Freud Das Medusenhaupt (‘la cabeza de Medusa’). Medusa se representa como «el talismán supremo que proporciona la imagen de la castración—asociada en la mente del niño con el descubrimiento de la sexualidad materna— y su negación.»

 

“La importancia de un zapato horrendo”. Comentario de Concepción M. Miralles a “Los lisiados serán los primeros”, de Flannery O`Connor.

Se ha dicho de Flannery O`Connor que sus relatos son de gente que quiere salvar a los demás, sin darse cuenta de que todos los redentores terminan en la cruz. Del relato “Los lisiados serán los primeros” esta peculiaridad podría ejemplificarse, además de en otros aspectos cruciales, en todo lo relacionado con el zapato de Rufus.

Para situar en el asunto de la importancia que tiene en el relato el pie deforme del niño, haré primero un breve resumen del cuento:Sheppard, asistente social viudo, hastiado de la falta de voluntad y  egoísmo de su hijo de diez años, Norton, quiere adoptar a Rufus Johnson, un adolescente muy conflictivo, pero de gran inteligencia, que tiene una deformidad en un pie. Sheppard pone todo su empeño; al contrario que en su hijo, tiene grandes expectativas en este chico. Incluso espera que su hijo cambie favorablemente al tener que compartir con él. Pero, a pesar de su generosidad y buenas intenciones, Rufus rechazará cada vez los intentos que hace Sheppard por educarle y hacerle cambiar.

Rufus explica su maldad al creerse poseído por Satán y, en un momento del relato, acusa también a Sheppard de que, lejos de ser un Jesucristo redentor, él también está poseído (“Satán me tiene en su poder —dijo—. Pero no solo me tiene a mí, a usté también)”.

 De alguna manera el chico ve un transfondo oscuro y podrido oculto detrás de la bondad y amabilidad de su benefactor.  Y, Rufus dará con  la manera de llevar esta maldad al extremo de la tragedia, haciendo que Sheppard se encuentre con su cruz de redentor imposible, al provocar el suicidio de su hijo Norton.

No sabemos si con este final apoteósico Rufus completa un ciclo de maldad no explícito, en el que también se encontraría el Sheppard poseído por el diablo.

Desde el primer encuentro entre Sheppard y Rufus, el pie deforme y el viejo zapato tienen una presencia central:

“En un momento de la primera entrevista con Sheppard, Rufus se reclinó en la silla y apoyó sobre la rodilla un pie monstruoso y deforme. Llevaba un zapato negro y raído cuya suela tenía diez o doce centímetros de espesor. En un trozo del zapato faltaba el cuero y asomaba la punta de un calcetín vacío, como la lengua gris de una cabeza guillotinada. Sheppard comprendió de inmediato el caso con toda claridad. Sus fechorías eran la compensación de aquel pie”

(…)Me gustaría que aprovecharas al máximo tu inteligencia —prosiguió Sheppard—. ¿Qué es lo más importante para ti? Hablemos de lo que es importante para ti. —Y sin querer bajó la vista hasta aquel pie. —Mírelo hasta hartarsetartajeó el muchacho. Sheppard enrojeció. Aquella masa negra y deforme se hinchó ante sus ojos. Pasó por alto el comentario y la mirada maliciosa que le dirigía el chico.

Diríase que la imagen del zapato de Rufus es perturbadora e hipnótica.El efecto que tiene sobre el que lo mira se parece en cierto modo a la cabeza de Medusa, aquella bestia de la mitología griega, que convertía en piedra a aquellos que la miraban fijamente a los ojos. Y también trae ciertas reminiscencias bíblicas, recordando a la mujer de Lot convertida en estatua de sal por desobedecer el mandato de Dios de no mirar atrás, cuando se alejaban de Sodoma y Gomorra ( Gen 19: 26}.

A Sheppard le fascina y emociona la idea de reparar la deformidad del pie de Rufus, comprándole un nuevo zapato, pero Rufus desprecia el ofrecimiento. Piensa que cuando quiera cambiar de zapato lo hará por su cuenta, y no quiere que nadie intervenga en ese asunto. “No necesito un zapato nuevo. Y cuando lo necesite, ya encontraré el modo de conseguirlo yo mismo“.

Su pie y su zapato son algo absolutamente íntimo, una seña de identidad de la que no se avergüenza y sobre la que no acepta ninguna ayuda.

Asímismo, el monstruoso zapato no es sólo un arma que provoca el horror en los demás, lo es también para la defensa de sí mismo: “Si le doy a alguien una sola patada, aprenden a no meterse conmigo”.

 El zapato es, pues, una seña de identidad y la representación del horror, la violencia y la maldad.

Con este recurso literario, donde resuenan ecos bíblicos y mitológicos, queda simbolizado en un objeto perturbador y siniestro –el zapato de Rufus- lo más nuclear de la personalidad del chico. La intensidad del efecto que esta percepción provoca en el desarrollo de la trama es muy fuerte. El lector queda impactado  y su efecto tiende hilos de entendimiento a la historia que se presenta. Y uno lo va viendo todo, como una escena delante de los ojos, porque es este un relato muy visual, digno de llevarse con éxito a la gran pantalla.

Pero sigamos con el zapato y el pie deforme de Rufus… Porque no obstante, y a pesar de los desprecios y absoluta negativa del chico por dejar que Sheppard le ayude con un zapato nuevo, éste racionaliza y justifica a su modo la reacción del chico como un mecanismo de defensa. Sheppard piensa que Rufus rechaza el zapato nuevo porque si lo aceptara se tambalearía algo de su identidad y entonces surgiría la gratitud y la bondad.

Y, con este convencimiento, el hombre se empeña en seguir intentando ayudar a Rufus, seguro de que en algún momento éste cederá y conseguirá lo mejor de él, cosa que nunca ocurre. Por el contrario, Rufus llevará  al límite más insospechado sus influencias malignas sobre el inocente Norton para dar un escarmiento a Sheppard.

Como decía antes, el pie deforme de Rufus y su viejo e insustituible zapato son una seña de identidad. Esto vuelve a mostrarse cuando el policía que lo detiene dice, mirando su pie deforme, como prueba irrefutable de la autoría del delito que ha cometido: “No todo el mundo deja huellas como tú”.

Hay, como se ve, muchas huellas de la relevancia que en este relato tiene el zapato de Rufus como determinante de la definición de la psicología del personaje que lo calza.

Pero no quiero terminar este recorrido sobre el zapato de Rufus sin destacar también una escena y una frase impregnada de un cierto humor negro, característica ésta de la más genuina Flannery O`Connor.

Cuando Sheppard comprende y acepta su derrota, pone de manifiesto el deseo de que Rufus se marche para siempre de su casa. Es entonces cuando dice:

“—Ojalá se marchara —murmuró—. Ojalá se marchara por su propio pie.”

 

Concepción M.Miralles (Psicóloga y escritora)

Comienzo del curso, inicio de tertulias…

Queridos amigos de Deletreados:

Con el comienzo del nuevo curso también arrancamos nuestro ya ¡5º año de tertulias!

Nuestra próxima cita literaria para debatir y compartir lectura será el próximo viernes 23 de septiembre, como siempre  a las 19 horas, en el Café Zalacaín, Murcia.

La obra que llevaremos esta vez es un relato breve, pero sorprendente e intenso y que seguro dará mucho juego. Se trata del cuento Los lisiados serán los primeros” de FLANNERY O`CONNOR  (Para quienes no tengáis el libro, podéis encontrar el texto pinchando en la imagen del libro en el blog de Deletreados, pero recordad que sólo llevaremos ese cuento, no la obra completa)
 
Hasta la fecha señalada, que tengáis felices días y lecturas. Ganas de reencontrarnos.

Saludos cordiales.