“Madame Bovary c´est moi”, ¿verdadero o falso?

 

La famosa frase «Madame Bovary, c´est moi», atribuida al autor de esta obra, Gustave Flaubert, en realidad nunca fue pronunciada ni escrita por él. Parece ser que nació y fue creciendo, como los rumores, treinta años después de la muerte del novelista. Alguien aseguró que una amiga de Flaubert había dicho que alguien afirmaba saber de buena fuente que cierta persona cercana al autor había oído decir de sus labios que… Y así hasta nuestros días, que simplemente la damos por ciertamente salida de los labios y del corazón de Flaubert.

Lo cierto es que a nadie que haya leído la obra le sorprende esta afirmación, pues -valga la redundancia- lo sorprendente es el conocimiento tan profundo que Flaubert demuestra tener del alma femenina, de los anhelos y frustraciones de Enma Bovary. Pensar y sentir como ella para poderlo traducir con palabras exactas -Flaubert era un gran defensor de “le mot juste”- a una de las obras más importantes de la literatura universal.

En cualquier caso se trata de una afirmación que satisface al lector en tanto que explica el magistral ejercicio de introspección del autor en la psicología de Madame Bovary. No nos parece que sea ni siquiera un personaje, sino una señora con una existencia tan real que incluso va más allá de lo reconocido como real, formando parte del imaginario colectivo. La credibilidad y el realismo que Flaubert consigue en su creación protagonista transciende el ámbito de lo que comunmente se entiende por “real” para habitar más bien en el enigmático territorio de lo imaginario.. Qué paradoja, cuando el movimiento literario que se estaba apuntando era el Realismo. ¿De qué naturaleza es entonces lo real?

Concepción M. Miralles

 

La cita que viene

“Entonces, los apetitos de la carne, las codicias del dinero y las melancolías de la pasión, todo se confundía en un mismo sufrimiento; y, en vez de desviar su pensamiento, lo fijaba más, excitándose al dolor y buscando para ello todas las ocasiones. Se irritaba por un plato mal servido o por una puerta entreabierta, se lamentaba del terciopelo que no tenía, de la felicidad que le faltaba, de sus sueños demasiado elevados, de su casa demasiado pequeña.”  “Madame Bovary”, Gustave Flaubert.