El hombre del amor. Comentario de Cyrano de Bergerac, por Mari Cruz Alba

¿Cómo aman los hombres? Cómo aman las mujeres? Aman igual los hombres que las mujeres? Es posible hacer este planteamiento dualista?

De entrada os propongo darle la vuelta a esta pregunta introduciendo dos términos paralelos a los de hombre y mujer, y son los términos masculino y femenino. La introducción de estos términos permite hacer combinaciones cuyo resultado es esta variedad de posiciones sexuadas, que si le sumamos las particularidades de cada sujeto, se hace infinita.

Lo masculino al igual que lo femenino es un concepto definido por las coordenadas sociales y subjetivas. La identidad sexual se construye; no nos viene dada por la naturaleza.

Cómo es el hombre masculino?. ¿Qué es la masculinidad? Preguntas de difícil respuesta.

Reparemos en los semblantes, por ejemplo. Un semblante puede ser definido como una construcción en la que interviene una dimensión simbólica y una dimensión imaginaria.

En cuanto a la dimensión imaginaria, vemos que las modas circulan por un ideal de lo masculino que pasa por un borramiento de algunos de los rasgos que definen el cuerpo del hombre, el vello, principalmente. Pero si miramos en la historia, me vienen a la memoria esas minifaldas de los gladiadores romanos, o en época más cercana, por ejemplo, los vestidos de puntillas y lazadas, las pelucas y maquillajes que lucían los caballeros del siglo XVIII. ¿Diríamos que son un modelo de masculinidad según los cánones contemporáneos?

En cuanto a la dimensión simbólica, ¿Qué dicen los hombres? Cuál es la relación del hombre con las palabras, y más concretamente con las palabras de amor?

Tomemos la obra de Edmond Rostand, ¿En qué posición se encuentra Cyrano de Bergenac?

El personaje se presenta como un valiente espadachín, rebelde y justiciero, defensor del indefenso ante los abusos de poder.  Un hombre con un semblante masculino por excelencia.

Pronto se revelará que el verdadero motivo de su lucha es el amor por una dama, su prima Roxana. Entonces, vemos que Bergerac el masculino, el viril, el valiente espadachín, cambia de posición en el mismo momento en el que se confiesa un hombre enamorado. ¿Tú enamorado?, le pregunta sorprendido su amigo Legret.

En el mismo momento en el que Cyrano se muestra como un hombre enamorado, ese valiente hombre, capaz de luchar solo contra cien hombres, en ese mismo instante se nos muestra como un hombre impotente. Este hombre no tiene con qué presentarse ante su amada y se siente incapaz de declararle su amor. La culpable de esta incapacidad es su nariz, el tamaño de su nariz, siendo para él una nariz que lo determina de una manera radical.

Esta nariz tiene, imaginariamente, tal dimensión que tiene al personaje totalmente incapacitado para acceder a una dama. Lo tiene atado, es un ancla que lo paraliza ante su amada, resultándole imposible acceder a ella.

Esta nariz, por un lado lo posiciona ante los demás, le da identidad y en defensa de su nariz se mide con los semejantes.

La nariz, desde la lógica fálica, le abre al personaje un abanico de posibilidades metafóricas, es una nariz que le permite acceder, como dice el personaje, a la agresividad y a la amistad, a la curiosidad y a la brutalidad, a lo lírico y a lo práctico, a la pedantería y a lo dramático. En resumidas cuentas es lo que le permite acceder al sentido y a la significación.

Pero sucede algo paradójico. Cuando la prima a la que tanto ama le confiesa su amor por otro hombre, un joven apuesto, es a partir de ese momento que su incapacidad puede convertirse en imposibilidad. Esta imposibilidad tiene por un lado un efecto tranquilizador, pues le evita al personaje enfrentarse al enigma sobre goce y del deseo de una mujer.

“esta nariz que me precede un cuarto de hora a donde vaya, me impide ser amado hasta por la más fea, entonces amo a la más bella, la más delicada, la más brillante, la más dulce y sabia, Roxana”.

Este no saber sobre las mujeres que tanto lo angustia, atribuido a su nariz, es el que le impide poner en acto su amor. “Mírame bien y dime que esperanza puede dejarme esta protuberancia”.

Entonces ¿Qué se puede hacer ante lo imposible de tener un saber cierto sobre cómo goza y qué desea una mujer?

Pues Cyrano nos lo muestra: decirle palabras de amor.

Anuncios

“CYRANO DE BERGERAC”. UN HOMBRE A UNA NARIZ PEGADO. Comentario de Gabriel Hernández

La nariz de Cyrano es demasiado grande. Tan grande que sería capaz de proyectar su sombra sobre el resto de los personajes de la obra –incluido el propio Cyrano- dejándolos en penumbra. A pesar de ello, intentaré centrar mi comentario en uno de esos otros personajes: Roxana.

Es Roxana la que pone los cimientos del entramado amoroso que se desarrolla en la obra, la que da entrada a ambos hombres, Cristian y Cyrano, en sus asuntos amorosos y les adscribe papel y función. Uno es el objeto de su elección amorosa, y el otro el encargado de cuidar y proteger ese objeto de amor. Se podría pensar como una triangulación familiar. Cristian es un chico muy hermoso, pero demasiado joven e inexperto como para seducir a una mujer. Educarlo e instruirlo en ese terreno, además de protegerlo, serán las funciones que tome a su cargo Cyrano.

A pesar de que Roxana se siente enamorada de Cristian desde el primer día, se podrían diferenciar dos tiempos a través de los cuales va cambiando su posición subjetiva frente a ese objeto de amor; uno sería el de la elección y  otro el de la confirmación del elegido.

En un primer momento elige al hombre que le gustaría que la sedujese. Puede que esté enamorada, pero aún no está seducida. Es la tarea para la que ha sido elegido Cristian, y a partir de ese momento se trata de verificar si está a la altura de la misma y si aquella elección inicial obtendrá o no su confirmación. Se trata de saber si Cristian será capaz, no sólo de enamorarla a primera vista, sino, también, de provocar en ella un deseo por él. Ahí es donde Cristian flaquea, no sabe hablar de amor, carece de ingenio y es despedido sin contemplaciones por Roxana.

Cristian pensaba que bastaría con saber abrazarla y pedirle un beso, pero Roxana sólo puede entregar su cuerpo a cambio de palabras, ese es el trato, cuerpo por palabras, porque sólo puede entregar un cuerpo deseante, y ese cuerpo se construye con palabras. Ella pone condiciones al goce, una ley que hace al deseo, y si Cristian no es capaz de cumplirla, es que no la ama

Esta es la empresa en la que Cyrano ofrece su colaboración. Con él no es posible el amor a primera vista, pero es un gran seductor, aunque sea una nulidad como conquistador; de hecho, odia a los donjuanes y los espanta cuando los sorprende poniendo cerco a alguna mujer, como sucede en el caso de la mujer del pastelero.

Se trata de una empresa que también Cyrano toma como suya. “¿No quieres completarme y que yo te complete?”, le propone a Cristian.

Pero si necesitan completarse, hacer uno entre los dos, debe ser que cada uno de ellos sólo se ve mediohombre en relación al ideal amoroso de Roxana. Y la cosa parece funcionar cuando se trata de construir un hombre ideal, pero no se puede construir un simple hombre con dos mediohombres.

Uno cree que no será aceptado por su cara fea, y el otro estaba convencido de que lo sería sólo por su cara bonita. Sin embargo, lo que termina seduciendo a Roxana son las palabras, y aquí también se muestran como hombres a medias. De uno se puede decir que es palabra sin sujeto –palabrería-, y del otro que es sujeto sin palabra. Entre ambos tampoco pueden construir un sujeto deseante que pueda responder de las palabras que han enamorado a Roxana, uno porque no se atreve, otro porque no son suyas.

La crisis final llega cuando Roxana se siente capaz de atravesar un campo de batalla para encontrarse con su amado y entregarse a él sin condiciones. Es este deseo decidido el que divide a los hombres. La sociedad amorosa de Cyrano y Cristian se rompe, ambos entran en pánico porque ya no pueden seguir escondiéndose el uno detrás del otro, ha llegado el momento de la verdad y ninguno de ellos puede responder, hacerse cargo de aquel impulso amoroso. Lo único que han conseguido es darle gato por liebre al deseo de Roxana.

Que sea ella la que elija a uno de los dos, como plantea Cristian, es una insensatez. Ella no puede elegir entre los dos hombres porque no hay dos hombres entre los que elegir. Ninguno de ellos por separado es capaz de sostenerse frente a la mujer: Cyrano no da la cara y Cristian no tiene palabra. Tampoco es ninguno de ellos el hombre que la ha enamorado. Cristian fue el elegido, pero no ha podido confirmar esa elección, y Cyrano siempre estuvo oculto en la penumbra de su nariz. En todo caso no es de él de quien estaría enamorada Roxana, sino de sus palabras.

Roxana termina en un convento sin haber podido elegir a ningún hombre. Se encierra allí en memoria de Cristian, el marido que la dejó virgen. Posiblemente terminó donde Cyrano la quería, recluida en su pureza, como el amor que él sentía por ella, un amor que terminó perdiendo la partida frente al honor.

Cyrano siempre tenía el honor por las nubes. Entraba al campo de batalla con honor y salía aún con más honor . Pero resulta difícil entrar con honor al campo del amor, y mucho más difícil salir sin haber perdido allí casi toda la honorabilidad.

Murió complacido de sí mismo, con el honor íntegro, como su prima, y el amor sin empezar. En la hora de la muerte sólo reconoce en sí mismo una cosa aún brillante y digna de ser presentada ante Dios. ¿Sería aquél gran amor secreto, generoso y sacrificado? Roxana le pregunta, aún no ha perdido la esperanza de oírselo decir mirándola a los ojos. Sin embargo, lo que Cyrano quería llevarse al cielo era otra cosa: “Mi penacho, lleno de gallardía, y la brava apostura de mi fiera nariz”.

Gabriel Hernández

Otras narices en la literatura

Pues, como podemos recordar, la nariz de Cyrano no sería ni la primera ni la última…

“A UNA NARIZ”

FRANCISCO DE QUEVEDO

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado.

Era un reloj de sol mal encarado,
érase una alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón más narizado.

Érase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,
las doce Tribus de narices era.

Érase un naricísimo infinito,
muchísimo nariz, nariz tan fiera
que en la cara de Anás fuera delito.

Pequeños anticipos de Cyrano: ¿quién era?

  • Su nombre real era Savinien Cyrano de Bergerac. Nació en París el 6 de marzo de 1619.
  • Fue soldado de la Gascoña, aunque dejó su carrera militar tras ser herido en combate.
  • Era conocido por lo agresivo, arrogante y valiente.
  • Su gran característica física era su gran nariz, aunque el sabía reirse de si mismo. Decía de su nariz:  es “una península desde la que podrían botarse barcos”.
  • Frecuentó el círculo de los libertinos, un grupo de intelectuales rebeldes.
  • Sus lances amorosos fueron muchos y variados, incluyendo las relaciones homosexuales.
  • En 1654 un tablón cayó sobre su cabeza cuando paseaba por una calle parisina.
  • Escribió dos obras consideradas como un precedente de la ciencia-ficción; Los Estados e Imperios de la Luna e Historia de la República del Sol.
  •  Entre otras cosas creadas por la imaginación de Cyrano, están: una bola que contenía la luz solar a modo de bombilla para alumbrarse, un libro que contiene unos mecanismos para escuchar la voz de los autores a modo de los modernos audiolibros, viviendas móviles o un ojo artificial con la capacidad de ver en la noche.

Próxima tertulia, nuevo local

Queridos amigos de Deletreados:

Cambiamos de local para nuestras tertulias; ya no seguimos en La Puerta Falsa.

A partir de ahora nuestros encuentros serán en el emblemático CAFÉ ZALACAÍN, en C/ Enrique Villar, 13, Murcia.

La siguiente reunión, el 13 de marzo a las 19 horas será, pues, allí, y lo pasaremos bien tertuliando sobre “Cyrano de Bergerac”, de Edmond Rostand.

¡Nos vemos y nos lo contamos!