Poema inspirado en “Hybris del arte contemporáneo”: “Arte-Thanatos”, por Concepción M. Miralles

“ARTE-THANATOS”

Cadáveres con una vida sospechosa,descarga

como si quisieran ser nuevos y de nuevo,

nos contemplan por encima de sus  hombros

posan de frente, putrefactos, dichosos,

livianos y ausentes de ataúd.

El encuentro inevitable con el otro,

la mirada de asombro y el asco de los rostros.

La muerte acaso tenga más que una única función. Pasen y vean

con la entrada en la mano,

las siniestras esmeraldas y los mejores zapatos.

En el aire flota una mezcla confusa de perfumes:

cadaverina y esencias de chanel.

El  público asistente

brinda con arcadas y audibles borborigmos.

La belleza hace años que perdió su hegemonía

y los paisajes lloran a veces niebla como lágrimas.

Ni verdes prados ni celestes cielos,

ya no se estila esa regla de tres;  ahora se llevan las

nubes del revés, negras por dentro, sangrando

rayos de silencio en los costados

y vírgenes ciegas y estériles comiendo chocolate.

Tal vez, quién sabe,

se esté convocando con un nuevo furor elemental,

si no la belleza primigenia

alguna forma imposible del amor.

Concepción M. Miralles

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Crónica tertuliana de “Hybris del arte contemporáneo”, de Carlos E. García Lara

No fue un escrito literario, sino un estudio sobre el arte contemporáneo, “Hybris del arte contemporáneo”, el texto que motivó la última reunión de Deletreados, que en esta ocasión pasó a ser tertulia sobre Arte y Psicoanálisis. El hecho de poder contar con el autor y que éste fuese, además, amigo y colega de muchos de los que allí estábamos, fueron algunas de las razones de esta excepción a la regla de la tertulia.

Carlos E. Garcia hizo a los tertulianos un recorrido por la historia del  arte señalando el punto de inflexión que supuso el Neoclasicismo en relación a “lo bello” como valor estético dominante hasta entonces en la producción artística. En ese momento la estética del arte empieza a orientarse en relación a “lo sublime”. Desde aquí, y tras el agotamiento formal de este nuevo valor estético, se producirá un efecto de cambio de sentido, no en el sentido de la producción de semblante sino de la destrucción del mismo, un empuje a lo real cuya primera etapa se cumplirá con el paso desde “lo sublime” a “lo siniestro”, la emoción estética propia del Romanticismo, continuando un recorrido que tras su paso por la desmembración, difusión e incluso negación del objeto de arte que llevarán a cabo las vanguardias, eclosionará en el arte contemporáneo bajo la primacía de “lo abyecto” como nuevo modulador de un goce artístico que apunta al trauma.

El autor fue desgranando las imágenes más representativas de esta tendencia estética que se acentúa en los últimos cuarenta años, y a la que ya no caracteriza la representación del objeto artístico sino su presentación e imposición al espectador bajo la forma de un objeto descontextualizado, fuera de discurso, y sin otra razón de ser que la de provocar efectos mórbidos sobre el sujeto, para lo cual el artista no duda en objetalizarse dentro de su propia obra en performances o montajes de goce tras cuyo desmontaje lo único que persiste es el escándalo, el absurdo o la angustia que provocó, es decir, su efecto traumático.

El recorrido que planteaba el texto era demasiado extenso para el tiempo del que disponíamos, con lo cual apenas lo hubo para hablar sobre lo visto y escuchado. El arte contemporáneo de nuevo nos volvió a dejar con la boca abierta, o cerrada, que es lo mismo. Esperemos que haya en otro momento ocasión de decir algo sobre lo que, posiblemente, no quiera decir nada.

Alguien que estuvo allí.

La cita que viene

“Tal vez, precisamente, sea esta falta de textos fundacionales el síntoma más elocuente de que, en esta ocasión, se trata de otra cosa. Nadie se propone como alternativa de renovación estética. Nadie reclama una “verdadera” dirección para el arte por venir. Nada indica que la mecánica de la renovación generacional siga funcionando en un sentido teleológico. La flecha del tiempo ha estallado en una multiplicidad de contemporaneidades que hacen simultanear estilos diferentes, incluso antagónicos, en un mismo tiempo, en un mismo autor e, incluso, en una misma obra. La sustitución de un estilo por otro, que nos ha mostrado la historia del arte como una sucesión más o menos lineal, sostenida por una lógica de progresión acorde con los progresos científico-técnicos y socioculturales de las distintas épocas históricas, parece haber llegado a su fin en el último tercio del siglo XX”.

HYBRIS DEL ARTE CONTEMPORÁNEO. Carlos Enrique García Lara