COMENTARIO A “DAFNIS Y CLOE” DE LONGO

Ya en el Proemio nos informa el autor sobre la finalidad didáctica de esta historia en lo que se refiere a las cosas del amor.

La historia de Dafnis y Cloe es el relato de las vicisitudes por las que pasa el aprendizaje sobre el amor y el sexo de dos niños que se van haciendo adultos sexuales. Casi lo podemos leer como un manual sobre el desarrollo psicosexual.

Lo primero que aparece es el afecto, un estado pasional en bruto, por el que se sienten invadidos forma totalmente inesperada, y que cada uno de ellos lleva a cuestas de forma individual sin pensar que la solución a su mal pueda pasar por aquél que la causó. De hecho tendrá que venir Filetas a explicarles que eso que les pasa no es una enfermedad sino que se llama amor y que las cosas del amor no se llevan así, sino que hay que juntarlas, juntarse, porque el origen de ambos males es común. Hay un Dios que se llama Amor que es el responsable de que esta atracción surja entre ambos. Y les dice:“no hay remedio para el amor, ni filtro ni ensalmo ni manjar con hechizo. No hay más que beso, abrazo y acostarse juntos desnudos”.

Y en esto se les va el primer curso, en poner cerca esos dos malestares, tocarse, besarse, juntarse. Pero el resultado no es del todo satisfactorio, aunque obtienen un cierto consuelo.

De esta primera fase podemos decir que la sexualidad ya ha aparecido, pero que aún no se ha puesto en relación con lo genital, y esta forma de plantear las cosas del amor en su inicio pone a Longo en relación con el planteamiento freudiano según el cual hay un primer florecimiento de la sexualidad que se caracteriza por ser una sexualidad pregenital. Longo también diferencia claramente, al igual que lo hará Freud, entre sexualidad y genitalidad.

La intervención de Filetas supone un avance, pero Dafnis y Cloe siguen en la etapa pregenital. Ya juegan juntos, no va cada uno por su lado, pero ese estar juntos consiste en ponerse uno frente al otro y juntar las bocas, las manos, el cuerpo. Se colocan de forma simétrica, uno frente al otro, como si cada uno fuese el espejo o la imagen del otro.

Y de nuevo Longo anticipa en este relato esa otra fase del desarrollo psicosexual que Freud definirá como la fase del narcisismo o lo que Lacan llamará el estadio del espejo, donde uno se enamora de sí mismo o de aquél que le hace de espejo. En términos freudianos podríamos decir que han pasado de la fase autoerótica a la narcisista. Lo cual supone que, a pesar de su avance, aún no pueden darle a su relación la dimensión de la profundidad, ya que la sitúan en el espejo plano, en un plano de dos dimensiones.

Y de hecho, puesto que así la cosa no les funciona, lo siguiente que harán será introducir la diferencia en las posiciones. Observan a los animales y se dan cuenta de que hay diferencias de función y de posición. No sólo se trata de estar juntos, como les dice Filetas, se trata de estar juntos pero marcando las diferencias entre ellos.

Pero Longo nos dice que aún no es suficiente.  Que no basta con aprender el funcionamiento de la sexualidad natural o animal. Parecen tenerlo todo servido y, sin embargo, aún les falta algo. El autor aún no da por concluido el período formativo.

Dafnis y Cloe no pueden culminar el acto sexual como macho y hembra, tendrán que hacerlo como hombre y mujer. Sin esa diferencia sexual, la diferencia genital no parecen darse por aludida en esta historia. Y no es que no deban hacerlo como macho y hembra, lo que la historia nos dice es que no pueden.

Esta historia deja claro que la sexualidad humana no es una cuestión ni fundamentalmente genética -Dafnis y Cloe no nacen sabiendo- ni fundamentalmente de aprendizaje, sino que integra otro elemento que sería el deseo, sin el cual la genética y el aprendizaje son insuficientes para alcanzar el encuentro sexual. Longo no disponía de los modernos conocimientos que las neurociencias y ciencias del aprendizaje ponen a nuestra disposición, y sin embargo estaba más cerca de la verdad.

Y otra de las verdades por las que también se deja atrapar es que el deseo que permite avanzar hasta el encuentro amoroso, lo traen siempre los otros.

El primer beso entre Dafnis y Cloe lo provocó el deseo de Dorcon por Cloe, luego viene Filetas como enamorado del amor, y más tarde será Licenión, y su deseo por Dafnis, la que finalmente deje a este en disposición de poder, como hombre, abordar a Cloe como mujer, mostrándole la diferencia sexual y la dimensión traumática que lleva consigo.

Sin la intervención de estos personajes deseantes, Dafnis y Cloe seguirían desorientados e incapaces, sin saber hacia donde ni cómo dirigir su impulso amoroso, sin saber eso que supo Cloe sólo a partir del momento en el que pasó a ser la mujer de Dafnis:“y Cloe conoció por primera vez que todo lo hecho antes, entre las matas y en la gruta, no eran más que simplicidad o niñería”.

Gabriel Hernández

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