Comentario a “Puentes como liebres”de Antonia Alonso

Puentes como liebres narra una historia de amor, un amor imperecedero de Leonel por Celina a lo largo de casi medio siglo.  El amor es un tema que recorre toda la obra de Mario Benedetti en todas sus manifestaciones, desde un amor correspondido, pleno de felicidad, a un amor no correspondido, truncado por la rutina y la monotonía que convierte a los seres en simples marionetas.

El objetivo principal de Mario es el de ofrecer al lector un cuadro completo y real de la vida moral, social y familiar de la sociedad uruguaya. Su interés se centra en estas relaciones cuyos protagonistas son a menudo hombres y mujeres en lucha continua consigo mismos, con sus sentimientos, con el prójimo, con sus conflictos.

Una historia marcada por cinco encuentros vertebra la estructura del cuento. El primer y el último, parecen cogerse de la mano, es el viaje de los protagonistas, Leonel y Celina, una pareja destinada a amarse en la distancia.

El primer encuentro tuvo lugar en 1937, Leonel tenía dieciséis años y Celina quince. La descripción que hace Leonel de Celina es muy significativa: era una maravilla. Delgada, con el pelo rojizo sujeto en la nuca con un moño, tenía unos rasgos delicados que me parecieron casi etéreos y en el primer momento atribuí esa visión a la neblina.  Luego pude comprobar que, con niebla o sin niebla, ella era así.”

 

Los protagonistas coincidieron en la cena y en los postres se contaron sus vidas. En este primer viaje en barco a Buenos Aires se creó un ambiente cinematográfico, una noche espléndida, el ruido del agua, el olor salitroso, los pasillos desiertos… era como si actuaran… y ellos eran la pareja principal sentados en un sofá, aunque estuvieron callados, los cuerpos se contaban historias, hacían proyectos, no querían separarse. Y el deseo de ser inseparables.

El segundo encuentro fue siete años más tarde, en 1944; Leonel trabajaba en una empresa importadora. Aquí Benedetti recrea su primer trabajo con sólo catorce años que va gastando su adolescencia detrás de ese mostrador infame que sólo muy de vez en cuando es alegrado por la visita de alguna mujer hermosa (las mujeres, en aquellos años, muy poco tenían que ver con el negocio de los recambios para automotores), que fija los ojos en ese vendedor juvenil y tirando a pelirrojo, de grandes ojos serios y pensativos. Pero cuando ello ocurre, el inglés se empieza a pasear con las manos enlazadas en la espalda, como un maestro de novela de Dikens, hasta que provoca el final del encuentro y de su irrecuperable magia. El inglés no quitará la mirada de Mario ni siquiera cuando aquellas piernas de mujer se alejen taconeando, y entonces a Mario no le quedará más remedio que esconder su nariz y su vergüenza en una caja de arandelas. Paoletti en El Aguafiestas.

Celina se había convertido en una mujercita de primera. Ya no era etérea, pero irradiaba una seguridad y un aplomo que impresionaban. Además, no era exactamente linda sino hermosa. Tras siete años de incomunicación tuvieron que contarse otra vez sus vidas. Por primera vez Leonel toma conciencia de su desamparo, con ella puede ser mucho y sin ella no será nada. Y ella responde que sin él no será nada, pero no hay que obligar al azar. “Ves cómo nos separamos y él viene y nos junta”. El azar como un juego que determinará sus encuentros. Y el siguiente estárá muy remolón ya que el tercer encuentro fue en 1965 en la galería de arte de Leonel. Tras la muerte de su madre, su padre repartió sus bienes, hizo realidad un viejo sueño, dejó el trabajo en la empresa importadora y abrió su propia galería de arte llamada La Paleta.

Celina se había casado en Estados Unidos con un arquitecto venezolano y Leonel se había divorciado. Cuando se quedaron solos Leonel supo que ella estaba mal. Este encuentro fugaz fue fruto de ese azar remolón.

El cuarto encuentro fue el 9 de julio de 1973, en la huelga general tras el golpe militar.  Leonel caminaba por Dieciocho junto a miles de personas cuando pensó que era solo un sueño ya que la gente se movía como en los sueños, casi ingrávida y sin embargo radiante pero era real.  Al verla sintió el lógico sacudimiento, pero también recelo y desconcierto porque había quedado no sólo lejos de su vida, como siempre había estado sino fuera de su mundo y de su belleza. Sin embargo sabía que era la única mujer que realmente le había importado y aún le importaba. Benedetti retrata como nadie a la  sociedad uruguaya que sale a la calle a gritar su incorformidad, como gritó Blanca en La tregua y crear un rumor que sube del suelo como un seísmo.: Y así, como un rumor, como un murmullo que venía en ondas, empezó a oírse el himno, desajustado, furioso y conmovedor como nunca. Cuando unos silabeaban y que heroicos sabremos cumplir, otros, más lentos o minuciosos, estaban aún estancados en el voto que el alma pronuncia. pero fue más adelante, en el tiranos temblad, o sea en pleno bramido con destinatarios, cuando la vi, a diez metros apenas, cantando ella también como una poseída. Pero el sueño se convirtió en pesadilla cuando comienza la represión, los disparos, el humo y los palos. Y todos corriendo queriendo escapar. Es muy interesante el juego entre el plano onírico y el real y además la transformación del sueño en pesadilla.

Benedetti se niega a olvidar la represión y la dictadura; por ello decía que no hay que empezar desde cero. El búho es el único animal que puede mirar hacia atrás y por algo es símbolo de sabiduría. Mientras no se asimile y se comprenda el pasado, ningún pueblo puede aspirar a un futuro mejor.

El quinto y último encuentro fue en Atocha, antes de coger el tren nocturno de Andalucía. Leonel tuvo que salir del país y comenzó su exilio en Porto Alegre, después en París y por último en Madrid. Al igual que Mario, ya que tras el golpe militar comenzó sus doce años de exilio en Argentina, Perú, Cuba y España. En cambio Celina pasó tres años en la cárcel y su hijo también preso fue torturado y tras su condena de cinco años fue deportado. Esos años fueron decisivos para Celina ya que la prisión había cortado su vida en dos y había roto su matrimonio.

Este último viaje fue en tren a Andalucía un domingo de octubre de 1981. Celina le comunicó oficialmente que lo quería, hace siglos que lo quería. Recordaban todas las frases que pronunciaron desde 1937 hasta ahora:

“Tampoco somos inseparables”.  ¿Te parece que no? Fíjate que siempre volvemos a encontrarnos…. Como por ensalmo, los cuerpos empezaron a contarse historias, a hacer proyectos…el jadeo del tren se funde con el nuestro, es un compás como el de un barco. Fuera el viento golpea como hace tantos años golpeaba el río como mar, y en realidad es mi adolescencia la que penetra alborozada en los quince años de mi único amor”

La importancia de este final, ese nuevo viaje y esa vuelta a la adolescencia nos lleva al inicio. Esa idea se conoce, en la crítica del mito, como la del eterno retorno, concepto popularizado por Nietzsche, pero vigente desde los comienzos de la conciencia mítica.  El mito del eterno retorno se centra en la idea y la técnica de la circularidad y a la imagen del Uroboros. El tiempo es cíclico y se vuelve al inicio. Esto mismo ocurre en El amor en los tiempos del cólera de García Márquez, una historia de amor de Florentino Ariza por Fermina Daza a lo largo de más de medio siglo, marcada por esos encuentros de los amados y siempre bajo la forma del viaje, que marca el paso del tiempo de los protagonistas.

“Fermina-le dijo- : he esperado esta ocasión durante más de medio siglo, para repetirle una vez más el juramento de mi fidelidad eterna y mi amor para siempre”

Querer volver al principio es una imagen del eterno retorno, en El amor en los tiempos del cólera esa vuelta al principio es regresar de la vejez a la infancia. Gastón Bachelar dice que la niñez es el arquetipo de la felicidad simple. Dado que todos queremos ser felices, casi todos deseamos su retorno. El escritor, según Freud, precisamente porque nunca rechaza los sueños y ensueños de la infancia y de la juventud, vive y revive su niñez más intensamente que otra gente. El escritor suele dejar abierta la puerta a su inconsciente. Los caminos de retorno a la infancia son tantos como los viajeros mismos e innumerables son las maneras de hacer el viaje.

No me gustaría terminar sin dar una breve pincelada a esos personajes que, en ocasiones pasan desapercibidos para el lector, son los niños de Benedetti, unos seres muy peculiares y significativos. El mundo de la infancia aparece siempre visto desde la madurez, por ello los niños en ocasiones parecen pequeños adultos, que se comportan como tales, pero con una característica muy peculiar: son de una gran fragilidad y sensibilidad.

Los protagonistas de Puentes como liebres viven una historia de amor marcada por los encuentros ocasionales a lo largo de toda la vida, después de amarse durante casi cincuenta años en la distancia, encuentran intacta su adolescencia uniéndose por fin sus destinos; aquí el tiempo no importa, lo único verdadero es su amor, por eso Leonel en el último encuentro conduce la mano de Celina hasta “ese reloj llamado cuore” y, desafiando al tiempo y a la muerte se confiesan finalmente su amor eterno.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s