“UNA ROSA PARA EMILY”. Retrato de familia

“Ningún joven era lo suficientemente bueno para la señorita Emily y su familia. Habíamos pensado durante mucho tiempo en ellos como si fueran un cuadro, la delgada figura de la señorita Emily en el fondo y la figura de su padre al frente, con la espalda vuelta hacia ella y sujetando un látigo, ambos enmarcados por la puerta principal abierta”.

Aunque padre e hija se sitúen fuera de la casa es el marco de su puerta de entrada el que los delimita como cuadro. Para aquéllos que esperan y miran desde fuera, atravesar el marco de aquella puerta será algo tan imposible como meterse dentro de un cuadro. Pero tampoco los que han quedado enmarcados por esa puerta podrán salir de su cuadro.

“El día siguiente a la muerte de su padre, todas las damas se prepararon para ir a su casa y ofrecer sus condolencias y ayuda, como es nuestra costumbre. La señorita Emily las encontró en la puerta, vestida como siempre y sin señal alguna de aflicción en el rostro. Les dijo que su padre no estaba muerto”.

El padre no estaba muerto. ¿Acaso se muere alguien dentro de un cuadro? Allí sólo hay cosas que están y cosas que no están, y el padre estaba: “En un caballete dorado deslustrado que se encontraba frente a la chimenea, se erigía un retrato al carbón del padre de la señorita Emily”.

El padre es una pintura dentro de una pintura. La diferencia entre el personaje del cuadro y el personaje del cuadro que está dentro del cuadro sólo la  puede hacer el que, desde fuera del cuadro, puede relatarlo, comentarlo o historiarlo. Pero, si los personajes del cuadro tuvieran conciencia, ambos serían conscientes de que son pintura, la misma pintura, la misma conciencia y la misma presencia.

“Entonces no decíamos que estaba loca. Creíamos que tenía que hacer lo que hizo. Recordábamos a todos los jóvenes que su padre había ahuyentado y sabíamos que, ahora que nada le quedaba, tendría que aferrarse a quien la había robado, a aquello mismo que la había despojado como cualquiera en su lugar lo haría”.

Es esta una observación de gran profundidad psicológica. Aferrarse, amar a aquél que te ha despojado de todo es propuesto como un mecanismo común que, si bien contraría todo sentido común,  explica cómo es posible sostenerse indefinidamente dentro de una relación degradante o mortífera, como es el caso de la señorita Emily.

“Estuvo enferma durante mucho tiempo y cuando volvimos a verla, se había cortado el cabello, lo que la hacía parecer una niña, con un ligero parecido a esos ángeles de los vitrales de las iglesias —entre trágicos y serenos”.

Tras la muerte del padre la señorita Emily se aniña, se infantiliza, tal vez para centrarse más en el papel de niña de su padre. Años antes, cuando empezó a convertirse en mujer, el padre se dedicó a espantarle los novios. Tras su muerte, Emily podría haberse soltado el pelo, pero lo que hace es cortárselo, es como si hubiese optado por seguir siendo la hija de su padre antes que la mujer de un hombre, y en la medida en la que se sigue considerando como la consideraba el padre, el padre sigue vivo para ella. Emily no ha hecho el duelo por su padre, podríamos decir que aún no lo ha enterrado, un no enterramiento simbólico que, al no haberse producido, retorna al final del cuento en un no enterramiento real.

También está presente el padre en el funeral de Emily, con su cara al carbón “meditando profundamente por encima del ataúd”, y los vecinos del pueblo, los hombres imaginando que en su juventud tuvieron algún trato con aquél amor imposible y las mujeres envidiando, no se sabe muy bien si la clase social o la elevada clase sexual de la señorita Emily, que la hizo inaccesible a todos. Pero todos estaban allí para velar, sobre todo, el secreto de la señorita Emily.

“Ya sabíamos que había una habitación en el piso de arriba que nadie había visto en cuarenta años, cuya puerta debería forzarse. Esperaron, sin embargo, hasta que la señorita Emily estuviera decentemente bajo tierra antes de abrirla”.

La expresión “decentemente bajo tierra” es de una conmovedora fuerza dramática y narrativa. Porqué los vecinos tienen el cuidado, el pudor de no abrir la puerta que esconde el secreto mientras que la señorita Emily esté de cuerpo presente. Se trataba de que la señorita Emily no coincidiese con su delito, con su locura. Se trataba de velarlo hasta que ella estuviese enterrada. Después, lo que ocurrido detrás de aquella puerta ya sería historia, incluso habría prescrito para la señorita Emily. Y en este sentido hay que resaltar el trato cuidadoso, respetuoso y tierno que el pueblo tuvo con la huérfana y enferma Emily.

La solución de la señorita Emily al conflicto que planteaba su relación con un hombre es original. Se pone de manifiesto a propósito de aquél único novio que al padre no le dio tiempo a espantar. Emily ni rechaza a ese hombre ni lo acepta. Quiere a un hombre, pero a condición de que esté muerto, sólo puede acostarse con un hombre muerto. Muerto en lo real. También podría haber sido en lo simbólico. En la antesala de aquella macabra cámara nupcial, el padre sigue meditando profundamente. En tanto el padre siga vivo Emily sólo podrá estar con un hombre muerto. Tendría que haber hecho el duelo por el padre, tener un padre muerto, para poder estar con un hombre vivo.

                                                                                Gabriel Hernández.

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