Los nombres de Madame Bovary. Comentario a “MADAME BOVARY”

Madame Bovary es uno de los personajes más importantes de la literatura universal y, a la vez, también uno de aquéllos sobre cuyo nombre más equívocos podrían suscitarse. En esta novela hay tres personajes diferentes que son nombrados como Madame Bovary. El primero de ellos es la madre de Charles Bovary, el segundo la señora Dubuc, primera mujer de Charles Bovary, y el tercero la hija del señor Rouault.

Esto podría querer decir que el apelativo “Madame Bovary”, más que identificar de forma inequívoca a un personaje, nombra una función que a lo largo de la novela desempeñarán diferentes personajes.

En cualquier caso también es cierto que es uno de estos personajes el encargado de llevar este título hasta sus últimas consecuencias, a través de un recorrido cuyo itinerario vamos a intentar seguir atendiendo a las indicaciones que la protagonista va dejando en el camino, las marcas que la identifican, los nombres con los que va siendo nombrada a lo largo de la historia.

Se trata de la hija del señor Rouault, Emma Rouault. Pero tampoco este nombre define al personaje de forma inequívoca. Se trata de Emma Rouault sólo durante una parte de su vida, durante una parte del relato. Pero el carácter de este personaje va a cambiar significativamente cuando pase a ser Madame Bovary. Se podría decir que ese otro nombre le cambia, no sólo la vida la vida, también el carácter. “Madame Bovary” es un título, un hábito que, en alguna medida, sí hace al monje.

El personaje “Emma Rouault”, no es totalmente análogo al personaje “Madame Bovary”. En el tránsito que va del uno al otro algo se ha perdido y el nombre de la esposa no equivale al de la mujer soltera.

Emma Rouault es un nombre compuesto de nombre propio y nombre de Otro. El nombre de Otro es el apellido familiar, Rouault. A la persona que porta un nombre propio sólo se la reconoce en tanto es posible situarla en el entramado social mediante el apellido, que permite saber de dónde procede y a qué familia pertenece. Sin esa referencia Emma podría ser cualquiera.

Pero cuando pasa a ser una mujer casada, Madame Bovary, sólo un nombre basta para identificarla, ese nombre de Otro, el apellido Bovary. En el trayecto entre uno y otro nombre se ha perdido el nombre propio. La cuestión es dónde ha ido a parar, quién lo ha tomado. El texto nos da alguna noticia al respecto. Se trata del diálogo amoroso en el que Rodolphe empieza a desplegar su estrategia de seducción para conquistar a Madame Bovary.

“La miró como ya otra vez la había mirado, pero ahora de una forma tan intensa, que ella inclinó la cabeza y se ruborizó.

-Emma… -dijo él.

-¡Por favor, caballero! –exclamó ella apartándose un poco.

-¡Ah, ya veo! –repuso él dando a su voz un tono dolido-, veo bien que tenía razón al no querer volver, ya que ese nombre que invade mi alma y se ha escapado de ella, me impide usted tan siquiera pronunciarlo. ¡Madame Bovary! Si, así es como os llama todo el mundo. Pero ese nombre, además, no es el vuestro. ¡Es el nombre de otro!”.

Rodolphe debería tratarla como Madame Bovary, pero él se toma la licencia, supuestamente amorosa, de llamarla Emma, llamarla por su nombre propio. Con ello lo que hace también es agradar al amor propio de la protagonista que, a partir de ese momento pedirá ser nombrada así por su amante: ”Emma le miraba a través de sus párpados entrecerrados, le pedía que volviera a llamarla por su nombre, a decirle que la amaba”.

La protagonista del relato se entrega al seductor bajo el nombre de Emma.

Emma se diferencia de Madame Bovary y Madame Bovary de Emma Rouault,

Tres nombres con los cuales se representa ante aquellos tres hombres, el padre, el marido y el amante, que marcan las diferentes etapas de su recorrido vital y amoroso, respecto al cual “Emma” supone un final de trayecto. Más allá sólo es posible caer, precipitarse sin que haya un significante al que amarrar ese resto caído.

Son varias las ocasiones en las que, no pudiendo seguir hacia adelante. Emma desanda lo andado e intenta volver a ser simplemente Madame Bovary. Seis meses después de iniciada su trato con Rodolphe, la relación está bloqueada en una cotidianidad casi marital. Ya que no es posible seguir hacia adelante, Emma se plantea volver a su lugar de esposa y pedir a su marido que haga la operación de Hipolitte, esperando que el éxito de la misma dé nuevo brillo a su nombre de casada en tanto se lo daría a su marido.

Pero el vacío que se abre más allá de ese final de recorrido que señala “Emma” se pone por primera vez de manifiesto cuando, vuelta a su relación con Rodolphe es abandonada por éste cuando ella le propone huir juntos. Emma sube a la buhardilla con la carta de despedida de su amante, bascula frente al vacío en una ensoñación que la ausenta y estaba a punto de dejarla caer. En ese momento llegar Charles a la casa dando voces desde la planta baja. Pregunta por su mujer. Madame Bovary parece despertar del sueño de Emma, responde a la llamada que la nombra y cae en la cuenta de lo cerca que ha estado de la muerte.

Cuando más adelante vuelva a colocarse al borde del precipicio ya no habrá ocasión de que la llamada del marido la vuelva a salvar. Emma llamará a todas las puertas en petición de ayuda para evitar su embargo, a todas menos a la de su marido y a la de su padre. Emma ya no querrá saber nada ni de Madame Bovary ni de Emma Rouault, y completará un circuito en el que se dejará caer como un resto que ya no es posible mantener enganchado a ningún significante, que ya nadie es capaz de nombrar y rescatar para el deseo.

Como simple “Madame Bovary”, la protagonista corre el riesgo de no ser nadie propiamente dicho, mientras que, en tanto sólo sea “Emma”, sin ese nombre de Otro, ese apellido que sostiene, identifica y da un lugar en el entramado social, sólo podrá ser cualquiera, o ser para cualquiera.

La protagonista se suicida cuando descubre que sus amantes y prestamistas no la querían como “Emma”, sino por ser “Madame Bovary”, un ser que ella llegó a odiar intensamente. Por su parte, Charles Bovary se muere cuando descubre esta enemistad y falta de acuerdo entre “Emma” y “Madame Bovary”, cuando aquella carta, que seguramente no hubiese querido leer, le pone al descubierto que su esposa no era su mujer.

                                                                                                                                           Gabriel Hernández

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