El malentendido original: la relación sexual que no existe. Comentario de la obra “Diario de Adán y Eva” de Mark Twain. Por Mari Cruz Alba.

Mark Twain en Viena y su relación con Sigmund Freud.

Mark Twain viajó a Europa en dos ocasiones. En el primer viaje en 1867 escribió una serie de cartas de viaje cuyo recopilatorio fue publicado bajo el título Los inocentes en el extranjero. Durante su segundo viaje, que describió en su libro de 1880 Un vagabundo en el extranjero, visitó Viena, y durante su estancia Mark Twain envió a la prensa vienesa el siguiente telegrama; “La noticia de mi muerte es evidentemente una exageración” como respuesta a la errónea noticia de su muerte. Esa frase la utiliza Freud en “Historia del Movimiento Psicoanalítico” (1914) ante las noticias de la muerte del psicoanálisis desde el mismo momento de la aparición de “La interpretación de los sueños” (1900). El humor de Twain agradaba a Freud, quién concurrió por lo menos a una de sus conferencias en Viena.

En el artículo “Twain in Vienna:Quoted by Freud, Mute for the Emperor; He Wrote Some of His Finest Work Here. (2008), publicado en la revista electrónica Vienna Review[1],  Candy Fresacher cita el siguiente testimonio sacado del epistolario de Freud sobre su encuentro con Mark Twain: “I treated myself to listening to our old friend Mark Twain in person,” Freud wrote to a friend on Feb. 9, 1889, “which was a sheer delight.” And Freud uses a number of Mark Twain’s stories as examples in one of his books, Jokes and Their Relation to the Unconscious, published in 1905.(“Traté de escuchar a nuestro viejo amigo Mark Twain en persona,” Freud escribió a un amigo en 09 de febrero de 1889, “que era una delicia.Y Freud utiliza una serie de cuentos de Mark Twain como ejemplos en uno de sus libros, “El chiste y su relación con el inconsciente”, publicado en 1905”)[2].

Gustavo Dessal en la publicación on line “Too Mach” preparatoria de las IX Jornadas de la ELP en 2010, nos invitó a leer un breve texto de Miguel Bassols sobre la obra que nos ocupa: “Lean atentamente el artículo de nuestro querido Miquel Bassols, recomendándonos la lectura de El diario de Adán y Eva, de Mark Twain (a la sazón uno de los libros favoritos de Freud, quien gustaba de releerlo). No es que el hombre se extinga, como el Dodo, sino que nació extinguido, y en su lugar hay pareceres o para-seres, que cambian con el tiempo y suscitan toda clase de nostalgias (incluso en los mundos analíticos)”.[3]

          El malentendido original

   Mark Twain escribió “Diario de Adán y Eva” en memoria de su esposa Olivia fallecida un año antes. Esta es una obra de un gran sentido del humor, un humor ingenuo y ácido a la vez, escrita en formato diario que nos habla del encuentro y desencuentro entre Adán y Eva

Twain utiliza los personajes bíblicos de Adán y Eva como representantes del hombre y de la mujer y nos los presenta como dos seres absolutamente extraños entre ellos, que no se reconocen, no se entienden ni se aceptan. Lo que aparece en el encuentro entre Adán y Eva es el desconcierto y la sorpresa.

¿De dónde viene el hombre? ¿cuál es su origen? ¿Y la mujer, de dónde salió?. Desde la ciencia hasta la fecha no hay una respuesta absolutamente cierta sobre el punto cero a partir del cual se pasa del mundo animal al humano, punto que podemos marcar en el uso del lenguaje. Ante esta imposibilidad de dar una explicación, fiable y satisfactoria sobre el origen de la humanidad el ser humano ha tenido que recurrir al mito y a la religión para dar una explicación que pueda calmar un poco la angustia de la humanidad ante la falta de un saber absoluto sobre su origen y su final.

Demos una vuelta más al tema y preguntémonos ¿Qué es ser una mujer?, ¿Cómo es un hombre, qué ha de tener un hombre para serlo?

En “Diario de Adán y Eva” vemos que ni uno ni otro tienen respuesta ni tiene ese saber sobre la sexualidad. El texto nos muestra como la diferenciación sexual aparece en el momento en el que hay dos y un tercero que hace de operador que es la lengua. La identificación sexual aparece con el lenguaje. Esto lo muestra muy bien Mark Twain en su texto en el momento en que aparece Eva nombrándose a ellos mismos y al mundo y a partir de ellos hay un niño que hereda esa lengua y habla. Solo al entrar en relación pueden identificarse y a la vez distinguirse en lo diferente. Adán y Eva empiezan a distinguirse en sus cualidades y caracteres en relación a sus diferencias en una lógica de acercamiento y separación.

Las mujeres tienen una relación peculiar con la palabra y con el discurso, y en consecuencia con el vínculo social, así lo expresa Mark Twain en su breve relato “Diario de Adán y Eva” cuando dice Adan: “¿nos? ¿De dónde saqué esa palabra? Ahora me acuerdo: la criatura nueva la usa. Ojalá no hablase; está siempre hablando.”. Es Adán dándose cuenta de que había un otro, un otro ser que habla, que pone nombres a las cosas y además le demanda compañía y se expresa desde otro lugar y se extraña, al verse incluido en ese “nos”. Este “nos” implica un tres: ella, él y el lenguaje. Dice Adán: “Y este sonido nuevo está tan cerca de mí: encima de mi hombro, justo en mi oreja, primero de un lado y después del otro, y yo estoy acostumbrado a sonidos más o menos lejanos.” Así siente Adán la invasión de un otro que le es amenazador. Si esto ya sucede en el paraíso, el malentendido es original.

   La relación sexual que no existe.

 Lacan en su Seminario 20 “Aún” construye las fórmulas de la sexuación y lanza un axioma: “no hay relación sexual”. Con eso Lacan nos señala que no hay un saber sobre cómo ser una mujer ni cómo ser un hombre. Y esto desde el principio nos lo muestra muy bien el relato de Twain.

Para Lacan esa falta de saber sobre la sexualidad se debe al hecho de ser seres hablantes. Con sus fórmulas de la sexuación, Lacan nos dice que no hay conexión entre la lógica del lado femenino y la lógica del lado masculino y que estas dos lógicas son dos formas de ubicarse respecto del goce fálico y que es imposible hacer un todo. No hay la media naranja que complete.

No quiere decir que no haya encuentros sexuales, ni que estos no sean satisfactorios, que pueden serlo. De lo que se trata es de que no hay, a priori una manera de relación entre los sexos. Para el ser humano, al contrario de lo que sucede en los animales, la sexualidad es algo que necesita ser explicada y construida. Es un enigma en el que intervienen desde el deseo, pasando por el amor, y hasta el dinero. En el mundo animal la sexualidad está ligada a la procreación y al mantenimiento de la especie y es guiada de manera inequívoca por las leyes naturales. Pero en el ser humano la cosa es muy complicada desde el momento que la sexuación viene dada por un sistema estructurado por el lenguaje. La sexuación es por identificación y no por hormonas, ni por órganos.

No obstante esa falta de saber se puede suplir, y algo hay en la relación sexual.[4] Una suplencia es posible mediante el fantasma, otra, a través de la identificación fálica imaginaria. Con ambas, la falta de saber puede ser bordeada y puede funcionar cierta regulación de goce fuera del propio cuerpo, pasando por el otro.

Al final de la novela vemos como Adán ha quedado cautivado ante la complejidad de Eva y dice: “Es mejor vivir fuera del Jardín con ella, que dentro de él sin ella”. La relación entre Adán y Eva es posible gracias al amor, es la manera que tuvo Twain de llegar al hay de la relación sexual.

Les invito a leer este divertido relato de Twain que en el fondo tranquiliza un poco al mostrarnos que el mal-entendido entre los hombres y las mujeres es original y estuvo ahí desde el principio.

                                                                                                       Mari Cruz Alba.  Marzo 2016

[1] http://www.viennareview.net

[2]Nota: traducción no revisada por la autora del artículo.

[3] https://elp.org.es/wp-content/uploads/2010/05/jornadas_IX_Too_Mach_4.pdf

[4] Nacy, Jean-Luc. “El hay de la relación sexual” (2001). Ed. Síntesis. Col. Estudios Lacanianos.

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