Crónica tertuliana. “El diario de Adán y Eva”, Mark Twain

CRÓNICA TERTULIANA. “DIARIO DE ADÁN Y EVA”. MARK TWAIN

Adán y Eva dieron mucho de qué hablar -algunos contertulios se sorprendían de lo que este pequeño librito de Twain podía dar de sí-, pero es que se trataba de nuestros padres, los primeros, y saber cómo se conocieron, dónde, en qué circunstancias, cómo se enamoraron y yacieron es algo que a cualquiera le interesa, seguramente más, incluso, de lo que imagina.

Que la protagonista principal de este relato es Eva fue algo sobre lo que hubo acuerdo general. Se resaltó la gran diferencia de carácter abierta entre ambos, así como la disparidad de estilos en cuanto a la forma de estar y entender el paraíso del uno y la otra. Mientras que Adán se dedicaba simplemente a estar en el paraíso y hacerlo de una forma responsable, comedida, sensata, juiciosa, es decir, a estar allí “como Dios manda”, como lo estaba cualquiera otra de las criaturas que por allí circulaban, desde el principio se supo que a Eva le iba a costar mucho estar simplemente. Su entusiasmo, su asombro ante todo lo que allí había no la dejan parar, se entromete en todo, es una manifacera que viene a trastocar la armonía simple y perfecta de  aquella obra divina con detalles femeninos que son perfectamente inútiles, lo cual no deja de escandalizar a Adán, siempre quejoso del desorden y falta de juicio del que hacía gala la criatura de pelo largo. Pero con todo ello Eva va introduciendo un argumento en sus vidas, el elemento novelesco y dramático que los convertirá a ambos en personajes de una historia, de tal forma que, gracias a ella, hay algo que contar sobre lo sucedido en el paraíso, porque algo sucedió, más allá del ir y venir gozoso y ensimismado de las criaturas que lo habitaban, una historia que, incluso, y gracias al relato de Twain, vislumbró lo que en ella pudo haber de final feliz para esta pareja más allá la condena y el exilio.

Se podría decir que este libro tuvo sobre los contertulios el efecto de permitirnos humanizar y rebajar la grandeza de aquellos primeros humanos. Pasar de su carácter mítico a su carácter novelesco hizo posible tratarlos simplemente como los personajes tragicómicos de la primera historia de amor, tan cercanos y entrañables que alguno de los contertulios, ya en la despedida, comentó con sorpresa: “no sabía que la historia entre Adán y Eva fuese algo tan actual”.

Alguien que estuvo allí

Murcia, 04 de marzo 2016

 

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