La maternidad como estrago: entre la demanda, el amor y el deseo. Por Mari Cruz Alba

 El texto que hoy comentamos, “El Baile” de Irene Némirovsky, es una novela corta,  y yo diría ¡menos mal!

Porque lo que no va en extensión va en intensión.  El baile, es un texto intenso y duro, como intensas y duras, con frecuencia, suelen ser las relaciones entre las madres y las hijas, sobre todo en la pubertad.

La trama de la novela gira alrededor de la relación entre una madre y su hija y las demandas que mutuamente se dirigen. Ya en las primeras  páginas la autora nos muestra la rivalidad y la envidia en la que se sustenta esta relación.

La trama comienza cuando la madre, nueva rica en París, quiere organizar un baile. Me resulta interesante que la autora elija un baile y no una fiesta. Leo en esta elección una connotación libidinal, puesto que bailar implica una libidinización del cuerpo y brinda también la ocasión de hacer lazo con los otros a través del contacto con otro cuerpo, al ritmo de la música.

La hija, entusiasmada ante la noticia, le pide a la madre asistir a ese baile, a lo que la madre se niega en rotundo, pues el placer de ser mirada es un don que la madre se reserva para ella y se lo niega a su hija.

La madre, le pide a la hija que escriba de su puño y letra las invitaciones a esa fiesta a la que la madre le niega asistir.

La hija quiere asistir a ese baile pues para ella es una oportunidad  para dejar de ser una niña, hacerse mayor  y mostrarse como mujer. Esto es precisamente lo que la madre le niega.  La madre no la deja asistir  porque quiere ser ella la única admirada y reconocida, negándole esta posibilidad a la hija.

A mitad de la novela aparecen las consecuencias de esta negativa. Hay un acto de la hija que supone un corte radical, un antes y un después en la historia.

Las dificultades de una adolescente de 14 años para saber hacer con su cuerpo y con su sexualidad quedan señaladas en la novela cuando la protagonista  ve a otra mujer, la miss, besándose con su amante, visión que  en el cuerpo de Antoniette provoca la irrupción de un goce, con el que Antoniette no sabe que hacer.  La combinación de esos dos acontecimientos, la negativa de la madre a dejarla asistir al baile y la visión de una mujer besando a un hombre  llevan a Antoniette  a un acto de venganza,   un acting out:  romper y no enviar las invitaciones al baile organizado por la madre. La guerra está declarada y como en toda guerra, el daño, la pérdida  es para todos.

Podemos interpretar este acto como un acto característico de la reivindicación femenina frente a la omnipotencia materna, como un intento de hacer justicia ante el capricho materno de no dejarla asistir al baile. El baile lo tomo como una metáfora de lo que toda hija espera recibir de la madre y no recibe nunca, porque en realidad una madre (como otro primordial) nunca va a tener con qué satisfacer esa demanda, pues como sabemos, la demanda, a diferencia de la necesidad, por estructura no se satisface nunca.

El primer amor de todo individuo, tanto de hombres como de mujeres es la madre. Este fue  un descubrimiento que hizo a Freud cambiar su teoría sobre la constitución psíquica y sobre la sexualidad infantil. El hecho de que recién nacidos nuestra subsistencia dependa, durante largo tiempo de otro ser humano es de una importancia radical en el ser humano.  Es el amor lo que humaniza.

En El Baile, la relación entre esta madre y su hija, mientras esta era niña si aparece la dimensión del amor, dimensión que  vuelve a insinuarse al final de la novela.

Mientras que la madre, con el objeto baile, aparece ante la hija como un otro omnipotente, no castrada, la hija queda pegoteada a la madre, al capricho materno, no pudiendo negarse a la demanda de la madre de escribir las invitaciones. Qué lugar podrá ocupar un hombre en la vida de una mujer mientras esté envuelta en el estrago materno?

Al final de la novela, la autora no se interesa por desvelar cuál ha sido el motivo del fracaso del baile.  Obviamente no le interesa eso.

¿Qué le interesa mostrar al final de la novela? Lo que le interesa, es mostrarnos que la madre, como otro primordial, no tiene palabras que den un  sentido a lo acontecido, ante lo que cual la hija responde: ¡Pobre madre¡ señalando con ello la falta en la madre y es en ese momento  cuando la autora nos muestra algunos resquicios de amor y de deseo en la madre y la hija.

“Un día, muy pronto diría a un hombre “mama gritará pero no importa”.

 

 

 

 

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