Verdad, delirio y subjetividad. Acerca de la novela “Otra vuelta de tuerca” de Henry James. Mari Cruz Alba

En la versión cinematográfica de la novela “Otra vuelta de tuerca” de Henry James que nos presenta la excelente película “The innocents” dirigida por Jack Clayton en 1961 y protagonizada por  Déborah Keer, en la escena en la que la Sra. Grosse se está marchando de Bly, le pregunta a la institutriz (protagonista de la novela, a la que sorprendentemente el autor no le pone nombre): “¿qué he de decirle al tío de los niños?”. Su respuesta es “Dígale  la verdad” a lo cual la Sra. Grosse le responde con otra pregunta: ¿qué verdad? . Este diálogo no aparece en la novela original, pero a mi parecer merecería estarlo.

Una de las referencias que podemos utilizar al hablar de la verdad es la dimensión de la realidad. Para el psicoanálisis la realidad es psíquica, y ello hace que la verdad del sujeto sea una verdad irremediablemente subjetiva.

A la pregunta ¿qué es la realidad? Fácilmente le sigue otra ¿cual realidad? La de quién?lo cual hace girar la cuestión de cosa, de concepto, ¿qué es? A ¿la de quién?. Este giro nos introduce  rápidamente en el campo de la subjetividad. La realidad no está del lado de la percepción sensorial solamente, sino también de la interpretación, y toda interpretación es delirante, desde el momento en el que es un intento de entender lo real sin ley, de dar sentido a lo que de por si no lo tiene. A la protagonista de la película se le aparecen dos amantes que están muertos, nadie los ve mas que ella. ¿Es una alucinación o una apariciòn de dos almas atormentadas? ¿Atormentadas por qué?. Por haber vivido su amor libremente, lo cual los condena a ser espiritus atormentados que vagan por el mundo eternamente?. Por mi increencia en apariciones de fantasmas me inclino mas a interpretar que se trata de una alucinación.

La protagonista de la novela La Otra vuelta de tuerca, adolece, y digo adolece porque padece, de una duda constante sobre la realidad y la veracidad de las apariciones que ve. Entra y sale desde la certeza mas absoluta a la duda corrosiva, llegando hasta dudar de su cordura. Poco a poco la duda se disipa y resta la certeza del delirio y de la alucinación visual.

Una de las lecturas que me inspira la novela, es leerla como si de un caso clínico se tratara, lo cual me lleva a hacer la interpretación que paso a exponer.

La institutriz protagonista de la novela, a la que el autor no pone nombre, lo cual contribuye a crear mas incertidumbre en la trama, es la hija menor de “un pobre párroco rural” que con 20 años recién cumplidos”  responde a una oferta de trabajo que la hace salir de su pueblo por primera vez e ir a Londres a entrevistarse con el anunciante. Esta oscura y tímida muchacha queda impresionada por el hombre que la recibe: “un caballero, un soltero en la flor de la vida, y con una figura nunca vista…Era apuesto, osado y amable, de fácil trato, alegre y generoso….Aquel hombre tenía por fuerza que impresionarla …sobre todo porque le planteó el asunto como un favor que ella iba a prestarle, como una manera de quedarle obligado para siempre. Esto fué lo que más le llegó al alma y lo que más tarde infundióle el gran valor que hubo de menester.”[1]

La muchacha queda pues locamente seducida por este hombre, una  atracción que la enloquece y que dará lugar a la construcción de un delirio y a las alucinaciones visuales que la atormentan.

El trabajo que le ofrece es cuidar de dos sobrinos huérfanos, una niña y un chico, que dicho caballero tiene a su cargo, a los que no puede ni quiere cuidar personalmente. Pero el encargo tiene una condición, que a mi parecer es principal y es que ella no ha de molestarlo, ni ponerse en contacto con él bajo ningún concepto.

 

Esta prohibición de no  volver a contactar con el tío de los niños, a mi parecer, es precisamente lo que la hace poder aceptar el trabajo, pues la presencia de él le resultaria un  conflicto moral dada la atracción sexual que este hombre provoca en ella. Así, cuando los niños y de la Sra. Grosse le piden que se ponga en contacto con el tío, eso supone para ella una amenaza de la que se defiende con la justificación de tener el deber de cumplir con la prohibición impuesta por el tío. Esta hipótesis queda sustentada en varios episodios. En la pag. 95 [2] dice la institutriz “La manera en que un hombre rinde su mas alto  homenaje a una mujer consiste a menudo en hacerla consagrarse de un modo casi religioso a las sagradas leyes de su comodidad” ¿no sería su comodidad que el tío se mantuviera alejado de ella?. O como por ejemplo en la pag. 114, cuando Miles, el niño, le dice: “Ah, no puede usted librarse de eso!…aunque quisiera no podría….Mi tío debe venir a Bly y usted debe arreglar las cosas para que eso ocurra…¿No comprende que eso precisamente es lo que estoy deseando? Tendrá que decirle lo que hasta ahora ha callado”.

 

¿Qué es lo que hasta ahora ha callado la Institutriz? ¿Será su propio deseo, esa irresistible atracción sexual que le provoca el tío y que entra en conflicto con los principios morales de la época y los religiosos transmitidos por un padre sacerdote?

 

Si admitimos esa hipótesis, sabemos que lo que queda rechazado de la consciencia, busca otras vías de salida, se tramita a nivel psíquico y se manifiesta de otra manera y  aquí es donde entra en juego el delirio y la alucinación.

Sabemos que todo delirio tiene un transfondo sexual, y en el caso de la institutriz se confirma. ¿Por qué se le aparecen esos seres que no conoce y a los que ni siquiera ha visto nunca? La única pista que tenemos es lo que ella sabe de ellos: que fueron amantes y que murieron en circunstancias misteriosas.

Estas alucinaciones tienen como soporte el delirio que ella construye como solución al conflicto que le supone su propia sexualidad. Ella pasea por el jardin y se le aparece la figura de un hombre que la mira. La anterior institutriz muerta se le aparece en su escritorio, utilizando su papel y su tinta para escribir a su amante.

 

En su delirio los  amantes muertos son los depositarios de la maldad  y de la perversión, que se le aparecen como prueba de castigo por los pecados sexuales cometidos. Y ella se erige en la defensora de los niños, a los que tiene que proteger, para que nos los perviertan mas. ¿A quién quiere realmente proteger de tales perversiones?. Porque paradójicamente aparece en la institutriz una erotomanía hacia el niño, como podemos leer en la pag 143: “Continuamos en silencio hasta que la docella se hubo marchado: tan en silencio, se me ocurrió humorísticamente [3], como una pareja que, en su viaje de bodas, en la posada, se sienten cohibidos por la presencia del camarero. Cuando la doncella cerro la puerta, Miles se volvió en redondo. _Bueno…, al fin estamos solos-dijo”. No es esta la única referencia erotomaníaca, en el texto hay algunas más..

 

Al final de la novela el niño muere, repentinamente, al parecer, de miedo, por el terror que le provoca la insistente certeza de la visión alucinatoria de la institutriz.  Para terminar, vuelvo a hacer una referencia a la película que mencioné al inicio. En la escena final del film ella besa en los labios al niño ya muerto, lo cual no aparece en el texto original, pero que pone la guinda al pastel de una historia enigmática que deja muchas puertas abiertas a diferentes lecturas e interpretaciones, según la realidad de cada uno.

 

Mari Cruz Alba

Murcia, 14 de febrero de 2015

 

[1] Jame, H. “Otra vuelta de tuerca”. Salvad Ed. y Alianza Editorial, 1971, p. 14.

[2]Ibid.

[3]El chiste en psicoanálisis es una de las vías que tiene el inconsciente de manifestarse.

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