Comentario sobre “La mala hora” de Gabriel García Márquez, por Mari Cruz Alba

La mala hora es una novela hecha de relatos sueltos con una estructura fragmentada con la que el autor nos habla de dos grandes temas como son la soledad y la miseria humana.

Hay en esta obra tres historias paralelas:

1ª El diluvio, que nos muestra la dureza de la naturaleza que afecta a los más desprotegidos y muestra la miseria de la vida.

2º. La corrupción política, representada en el personaje del Alcalde y la intransigencia y conservadurismo representado por el orden eclesiástico.

3º. Los pasquines, escritos anónimos que aparecen misteriosamente al amanecer en las puertas de las casas de algunos vecinos proclamando a los cuatro vientos,  secretos de sus moradores.  Secretos que por otro lado son conocidos por todos. Lo interesante es el efecto que estos pasquines tienen.

Voy a abordar este elemento literario del pasquín desde dos aspectos que me interesan.  Uno es el contenido mismo de los pasquines y el otro es el efecto que produce el hecho de la escritura en contra posición con lo oral.

¿De qué hablan los pasquines?  La mayoría de los pasquines, salvo alguna excepción, hablan del goce sexual, de lo prohibido, de las infidelidades,  y del amor furtivo.  Por ello es por lo que el cura quiere que dejen de aparecer.

Para  el psicoanálisis los pasquines apuntan al goce de los habitantes del pueblo.  Son la muestra palpable de  lo indomable.  Lo curioso es que lo que revelan los pasquines no es nada nuevo para los habitantes del pueblo, pues se trata de secretos a voces,   pero que una vez escritos y publicados agitan la vida emocional de tal manera que tienen una efecto devastador sobre los sujetos. Mientras que esos secretos a voces se mantienen en el campo del dicho, son soportables, asumibles, la convivencia con el secreto es posible.   Pero en el momento en el que pasan a ser escritos y hechos públicos, su efecto es devastador, desencadenando una violencia tal, que llega hasta el asesinato.

¿Por qué lo escrito tiene ese efecto? Como popularmente se dice, las palabras se las lleva el viento, pueden ser negadas y permiten mantener cierto grado de intimidad y de secreto.  Pero una vez  escrito y hecho público el pasquín es una bomba que estalla en lo más íntimo y que hace que, algo de la subjetividad se desanude. Efectivamente, el goce, según el concepto lacaniano, nuestra forma de gozar es lo más íntimo y al mismo tiempo más extraño a nosotros mismos que tenemos.

Según el cura los pasquines son terrorismo moral que hay que combatir con lo que se necesario, aunque sea con terrorismo de estado. Por ello incita al alcalde a ejercer su autoridad para descubrir al autor de los pasquines y que dejen de aparecer.

Siguiendo al cura, el alcalde, entonces,  declara el toque de queda, para atrapar al autor de los pasquines, lo que a su vez le dará la coartada para satisfacer su propio goce que no es otro que la codicia. Imponiendo su autoridad, el alcalde crea una situación donde impera el miedo y el terror que es resuelto  con el asesinato del supuesto autor de los pasquines, que en realidad es un opositor político.

Lacan decía que lo escrito tiene que con el goce, con el cuerpo y que si bien la escritura viene del lenguaje, es decir que 1º es el lenguaje  lo oral, la palabra y luego es lo escrito, y que lo escrito tiene efectos de goce en cuerpo.

El pasquín nos remite al derecho de la intimidad, pero sobre todo al secreto y a la mentira. La mentira y el secreto es lo más humano porque forma parte de lo que llamamos la estructura subjetiva, de lo más íntimo que todo ser humano quiere mantener para sí mismo fuera de la mirada de los otros. Por eso los pasquines no los escribe nadie y  los escriben todos y en la novela el protagonista no es un personaje concreto.

Hablemos del secreto.

¿Quién no tiene un secreto? Todos tenemos secretos, que sean confesables o no confesables importa poco, pues lo importante del secreto radica en el valor y la función que tienen en la subjetividad de cada uno al establecer una barrera entre lo privado y lo público, una barrera ante la mirada del otro y sobre todo ante el deseo del otro que me hace interrogarme ¿qué quiere saber de mi? Lo cual constituye siempre un enigma a descifrar.

Y es que el secreto puede ser algo que el sujeto incluso ignora de sí mismo; ese no saber se convierte en defensa y se atrinchera en la intimidad.

El por qué de esa defensa, según el psicoanálisis tiene su causa en la relación que existe entre el secreto y la sexualidad; la mayor fuente de secretos en la cotidianeidad están en relación con la vida amorosa y sexual.

Como dije antes, el secreto tiene una función y es salvaguardar la vida subjetiva del sujeto.Es más, la subjetividad tiene su punto de partida en el descubrimiento de la posibilidad de mentir y de tener secretos.

Podemos afirmar que el secreto es condición de la intimidad, y que esa intimidad está seriamente amenazada por una constante vigilancia cibernética. Hoy tenemos totalmente asumida la intrusión en la vida cotidiana de las tecno-ciencias, a través de internet  y de la telefonía.

Saber que en la actualidad existe la posibilidad de que nuestros secretos puedan ser desvelados nos precipita a la catástrofe subjetiva y a la paranoia constante.

Hay una exigencia social de transparencia que entra en lucha con eso que en cada uno se resiste a ser compartido y dicho, y que tiene que ver con lo más singular y particular de cada uno de nosotros.

Tener presente estas cuestiones nos ayudara a mantener vivo nuestro  derecho a la intimad, al secreto y a la mentira.

Mari Cruz Alba -psicoanalista.

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