CRÓNICA TERTULIANA. “La mala hora”. Gabriel García Márquez.

Desde hace casi treinta años La Puerta Falsa es uno de los locales emblemáticos de Murcia, sobre todo en lo referido a actuaciones musicales en directo. Pero no es esa la única actividad cultural que este lugar acoge, también es posible disfrutar de la fotografía, el teatro, la magia o la literatura mientras se toma una copa. Allí inició el pasado viernes la tertulia de Deletreados su nueva etapa. El libro, “La mala hora”, de Gabriel García Márquez.

El texto resultaba  extraño en su temática, demasiado abierto, poco unitario, y la historia parecía fragmentada en las diferentes historias que contaba, pero el desarrollo de la tertulia fue dejando sobre el mismo una sensación de mayor coherencia

A propósito de la autoría colectiva del uso de los pasquines, se hizo referencia a la similitud que podría haber entre este pueblo y el que Lope de Vega presenta en su obra Fuenteovejuna, cuestión que, por añadidura, venía también a plantear la diferencia entre el “todos” de Fuenteovejuna frente al rey y el “todo el pueblo y nadie” que caracteriza al relato de García Márquez.

Otro de los tema que suscitaron el interés de los contertulios fue el efecto resonante que tuvo sobre la gente del pueblo el hecho de pasar a la forma escrita de los pasquines las murmuraciones y cotilleos que, posiblemente, ya se andaban diciendo por el pueblo desde hacía tiempo. Se concluyó que la forma escrita del pasquín o del panfleto guerrillero añadía al mensaje una autoridad que no tenía la transmisión hablada, en tanto suponía la existencia de un Otro diferente y más autorizado que el otro en su simple condición de vecino, amigo o paisano.

Se habló del carácter invasivo y amenazador que la naturaleza suele presentar en los relatos de García Márquez. La selva, las inundaciones, los animales, son una amenaza constante para aquellas pequeñas y mal comunicadas sociedades, siempre en peligro de ser tragadas por el avance de aquella naturaleza salvaje. Y de la plaga de ratones que asola la iglesia del pueblo, contra la que el cura presenta batalla diaria en una guerra que nunca ganará. Algún contertulio lo entendíó como una metáfora de la corrupción, como si aquellos ratones ya hubiesen llegado a formar parte de aquella iglesia.

Cuando nuestra tertulia terminó, una chica abrazada a una guitarra ya ensayaba sobre el anexo escenario la actuación que ofrecería una hora después. Le deseamos suerte, y creo que ella a nosotros también.

Si no pasa nada la próxima volverá a ser en La Puerta Falsa, y en esa ocasión nos convocará “La Señora del Perrito”, de Antón Chejóv.

Alguien que estuvo allí.

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