“El retorno del péndulo” Zygmunt Bauman y Gustavo Dessal. Comentario de Gabriel Hernández

“EL RETORNO DEL PENDULO”, de Zygmunt Bauman y Gustavo Dessal.

No sería capaz de resumir –ni creo que haya que hacerlo- el contenido de este libro, las ideas que allí se desarrollan, los puntos de vista expuestos, las interrogantes que deja abiertas a la investigación o las fórmulas luminosas con las que acota problemas complejos. Me limitaré, entonces, a recoger y comentar alguno de los asuntos que más me han llamado la atención.

Zygmunt Bauman y Gustavo Dessal dialogan con gusto y afición “sobre psicoanálisis y el futuro del mundo líquido”, y este buen tono del diálogo interdisciplinar es una de las primeras buenas impresiones que deja el texto.

Se trata, además, de un libro bien escrito, en el que ambos autores ponen de manifiesto sus cualidades literarias tanto en el orden y la claridad de la exposición como en la limpieza de los argumentos. No me parece ésta una observación ociosa si tenemos en cuenta que, por obra y gracia del propio Freud, el psicoanálisis nació y tuvo su primer desarrollo siempre ligado al buen escribir. Se podría hablar de una escuela literaria freudiana, escuela de la cual no creo que ninguno de los autores se sintiese totalmente ajeno, particularmente Gustavo Dessal, estudioso inveterado de su obra y que en alguna parte de este libro también nos regala con un breve y jugoso comentario acerca del estilo expositivo de Freud.

El texto central sobre el que tiene lugar este diálogo es El Malestar en la Cultura. La lectura que hace Bauman sobre este malestar bascula en la dualidad libertad-seguridad: hay que perder algo en un lado para poder ganarlo en el otro. Por su parte Dessal pone el acento en el elemento pulsional, elemento sin el cual la lectura del texto freudiano podría derivar hacia una vía más rousseauniana. Posiblemente la dicotomía libertad-seguridad se ajuste mejor a los principios del Contrato Social que a los del Malestar en la Cultura, lo cual no es óbice para reconocer, asimismo, los acercamientos que también sería posible hacer entre el ensayo de Freud y el que nos dejó Rousseau, en cuyo capítulo titulado “De la muerte del cuerpo político” deja ya expuesta la tesis según la cual la inclinación natural e inevitable de los gobiernos mejor constituidos es llegar a su propio final, puesto que todo cuerpo político lleva en sí mismo las causas de su propia destrucción,  una idea en la que ya resuena esa pulsión de muerte inscrita en el propio seno de la función legislativa a la que Gustavo Dessal hace referencia en su correspondencia con el profesor Bauman.

En cualquier caso, la atención puesta sobre el elemento pulsional ayuda, como digo, a mantener el diálogo en la vía freudiana, y es allí donde las tesis del sociólogo añaden a su virtud explicativa de los vínculos sociales contemporáneos nuevas luces sobre la captura psíquica que el discurso mercantilista hace del sujeto. En este sentido lo irreconciliable entre el individuo y la cultura atraviesa los principios de libertad y seguridad hasta llegar a plantearse sobre la relación entre el sujeto y el objeto, la del consumidor con su objeto de consumo, un objeto de consumo que, a la luz del texto freudiano, podría ser el mismo sujeto.

Otro de los temas tratados por los autores es el del progresivo distanciamiento entre la ciencia y la técnica moderna, así como la mayor autonomía de ésta última respecto de aquella, hasta el punto de que, talvez, también podría hablarse aquí de relación licuada y alianza operativa disuelta. Weber es uno de los invitados a este debate. Su idea de que el progreso de la ciencia pasa por el desencantamiento del mundo es recusada desde el campo de la técnica mediante la producción incesante y novedosa de objetos que, al decir de Gustavo Dessal, vuelven a reencantarlo, y ello con una simple finalidad mercantilista. La alianza de la técnica es cada vez más con el mercado capitalista y menos con la ciencia.

Si, tal y como ponen de manifiesto los autores, el desbocado y descabezado avance técnico de la sociedad contemporánea se está llevando a cabo al margen de la ciencia, e incluso contra ella, podríamos empezar a pensar que este empuje acientífico nos dirige hacia una nueva época de barbarie, eso sí, muy avanzada técnicamente, aspectos que pueden ser perfectamente conciliables como ya se puso de manifiesto durante el nazismo.

De la sintonía que el pensamiento de Bauman mantiene con el discurso analítico, encontramos otro ejemplo en aquella fórmula con la cual resume el devenir cultural de la relación entre sexualidad y procreación. La reivindicación de una sexualidad desligada de la procreación ha tenido un efecto inesperado: la ingeniería genética permitirá en un futuro próximo que sea la procreación la que ya no necesite de la sexualidad. Los avances técnicos que posibilitaron y facilitaron el ejercicio de una sexualidad sin procreación, han progresado lo suficiente como para hacer real, asimismo, una procreación sin sexualidad. A partir de esta formulación de Bauman podemos considerar que lo que fue durante un tiempo bandera de un cierto progresismo social, viene a recibir su propio mensaje de forma invertida, según la fórmula lacaniana. El progresismo liberal muestra su otra cara, la que ya le dibuja el progreso técnico en las sociedades más avanzadas. De aquella posible utopía de goce sexual contenida en la idea de una sexualidad sin procreación y, cada vez más, sin otro efecto, consecuencia ni resultante vincular que la repetición del propio goce, el profesor Bauman nos hace pasar a la distopía (el mal lugar) de un mundo, ya proyectado por la ficción futurista literaria y cinematográfica, donde será precisamente el goce sexual lo que quede excluido de la procreación, una sociedad futura en la que la técnica, de nuevo, nos facilitará la vida ahorrándonos el amor, el deseo y el establecimiento de vínculos sociales cuyo mantenimiento suponga una merma  del goce personal.

Volvamos a la tesis inicial de Bauman y a las interrogantes que deja planteadas: desde los tiempos de Freud ha cambiado la relación entre los principios de libertad y seguridad. Entonces el movimiento social se orientaba sobre todo hacia la conquista de las libertades, pero en nuestro mundo contemporáneo, con sus cambios vertiginosos y sus crisis imprevistas, lo que prima es el desconcierto y la incertidumbre sobre el presente y el futuro de un mundo sin puntos de referencia consistentes, de ahí que la tendencia sea ahora la de ceder parte de la libertad para conseguir mayor seguridad.

Tras este planteamiento nos surge una primera interrogación: qué le debe a aquella búsqueda y consecución de libertades esta modernidad líquida de vínculos sociales efímeros e inconsistentes.

En cuanto a ese retorno del péndulo al que apunta Bauman, movido ahora por la búsqueda de seguridad a costa de la libertad, la interrogante se plantea sobre los efectos sociales de este retorno. ¿Serian contrarios a los actuales, es decir, no de disolución sino de cristalización del vínculo social?, y, en ese caso, ¿de qué tipo de vínculo social se trataría?

Los momentos de incertidumbre y deriva social siempre han sido un excelente caldo de cultivo para las interpretaciones paranoicas y plenas de sentido. Allí, en ese otro extremo de péndulo, posiblemente ya nos esté esperando otro gran texto de Freud escrito casi diez años antes del Malestar, me refiero a Psicología de las masas y análisis del yo.

Basten estos breves apuntes para dar una idea aproximada de las cosas buenas e interesantes que este libro trae consigo, comentarios que no quisiera terminar sin sumarme al elogio de la culpabilidad asumida por el propio Bauman cuando –pese a quien pese- confiesa no estar dispuesto a disolver las dualidades.

No todo tiene que estar sometido al proceso de licuefacción.

Gabriel Hernández (Psicoanalista)

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