La per la per la per la per… principio y final de todas las cosas. Antonio J. Villahermosa

El cuento “La Perla”, de John Steinbeck, entiendo que sigue un determinado rumbo, fijado en el autor, por el autor: el de intentar hacer patentes, evidentes, las desigualdades humanas, los desajustes sociales, las injusticias, pero también se adentra en un determinismo obscuro, que afecta a los pobres y a los que nada tienen, a los parias, a los necesitados, y eso está bien.

Entiendo que es de esos textos que, aún siendo cortos, desde él se pueden decir numerosas cosas, por el hecho de que está atravesado sobre todo por la vieja tradición judeo-cristiana, y nosotros, que lo leemos, también, y por eso tan bien lo entendemos. Es la base de una de las estructuras fundamentales del ser humano en su condición psíquica, las neurosis, en las que se aderezan tanto el bien como el mal, la culpa y el pecado, los límites ¿cuáles?- de lo que está decidió, determinado, etc.

Desde ahí son innumerables las cosas que se podrían decir.

Pero del texto extraigo también, como si tuviera algo de una construcción bipolar, otra cosa que me satisface más que lo anterior: más allá de las palabras que delimitan a los hombres, a los personajes y sus vicisitudes, las palabras que evocan  los lugares, los sitios, los momentos; la luna, el sol, el mar, la bahía y sus espejismos, las montañas, los animales, los árboles, los desiertos, el agua…, y lo que hay más allá de todo ello. Todo esto me gusta, aunque sea corto, por cómo está escrito. Apunta a la naturaleza, sí, pero es la mirada de un hombre cuando mira a la naturaleza, y no cuando mira a otro hombre. Apunta a la vuelta, a los inicios… pero, ¿a qué inicio? En lo demás, en lo otro, es una obra más sobre la condición humana, una más.

Pero, ¿qué quiere Kino?, que su hijo, Coyotito, no sé si de coyote, sepa, tenga el saber, ¿Cuál? También quiere casarse, tener ropas nuevas, un arpón… y un rifle.

Pero el discurso de Kino, como decía al principio, esta inoculado por la tradición judeocristiana, y tal vez el saber que importa para él, el que quiere para su hijo, no sea el que él tiene, y su padre tuvo y que le enseñó el abuelo y a este el tatarabuelo…, el saber ancestral sobre el vivir.

Aunque habla de los ancestros, Steinbeck se queda cuatrocientos años atrás, cuando la poderosa España llegó e inoculó sus formulas vitales a los que allí estaban. Pero tampoco podemos pedirle a Steinbeck más; al fin y al cabo él no es ni paleontólogo, ni antropólogo, ni arqueólogo, es un escritor, que no es poco, y atravesado, él también, por la estructura religiosa.

Entonces, ¿qué quería para su hijo? Que sepa, que sepa la verdad, ¿cuál?, ¿la que atesoran aquéllos que, estando también atravesados por la misma estructura religiosa, ética, moral etc, la atraviesan, la profanan, la mancillan sin más ni más? ¿qué saben ellos sobre esto?, ¿es esa la verdad que quiere saber, que son sólo redes, redes de palabras, de estructuras simbólicas que tienen consecuencias en el hombre, pero que hay quienes saben acerca de los subterráneos de esas redes? ¿Por qué quiere un rifle? ¿Por qué no quedarse con un saber que es el que ya tuvimos y con el que fuimos, el de las necesidades? Porque, tal vez, entonces, ya no seríamos hombres, sino animales. Es lo que posiblemente haga que se pase de las necesidades a algo más, las demandas, los deseos, las ilusiones. Esto sería la condición humana propiamente dicha.

No sé por qué una ostra, a la que le entra un granito de arena, hace una perla. Nosotros sí hemos inventado qué hacer con ella, y, además, sabemos provocarlas, a ellas, a las ostras, para que hagan perlas. Como la perla es a la ostra la condición humana es lo que ha ido creciendo en aquello que hemos dicho que era, desde hace miles de años, el hombre.

Muerto Coyotito, que sin duda era la perla de Juana, desde ya, y el proyecto de perla para Kino, ¿qué les queda? A esta pobre pareja se le ha inoculado, como un granito de arena, algo que ya ha hecho perla: un rifle. Ya no les va a importar la perla, la tirarán. Entonces, ¿qué tienen? ¿Acaso la locura?

Tendríamos que saber qué o de qué estamos inoculados, uno por uno, para, por lo menos, saber qué hacer con ello, y no creer que lo que ya hubo, porque ya lo fue, no sigue haciendo perla en uno.

Antonio J. Villahermosa

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