Comentario de “Carta al padre” de F. Kafka , por Maricruz Alba

Kafka,  considerado como uno de los grandes pensadores del  S.XX,  creó un estilo literario tan universal  que en nuestro idioma decimos “esto es kafkiano” para designar lo absurdo, el sin sentido, y lo imposible.

Se ha escrito mucho sobre Freud y Kafka, incluso muchos estudiosos de Kafka piensan que se leyeron mutuamente.

Al leer  el texto “Carta la padre” resulta inevitable que aparezcan una gran cantidad de referencias a la teoría y a la clínica psicoanalítica sobre todo a la ley.

Ambos hablaron de los problemas que tiene la ley en la constitución de la subjetividad.

El padre de la ley en el  psicoanálisis

Preguntarse por  la cuestión del padre desde el psicoanálisis  es ir más allá de su dimensión biológica, aunque si bien es cierto que hoy día con las nuevas vías de adopción y los avances de la ciencia y la tecnología, el psicoanálisis está muy atento a los efectos que estas nuevas modalidades de acceder a la paternidad van a tener en la subjetividad.

Hablar del padre desde el psicoanálisis es hablar de una figura que ocupa un lugar y cumple una función, siendo la figura del padre un concepto  fundamental  ya que  tanto la teoría como la clínica psicoanalítica se edifican sobre la pregunta por la cuestión del padre.

Para Freud,  como después para Lacan, el padre es un artificio, una construcción cuya función es instaurar la ley, ley que regula lo permitido  y lo prohibido.

A partir de la importancia que los pacientes en sus relatos daban a la figura del padre y apoyándose en los estudios antropológicos, como la tesis de Darwin sobre la existencia de las hordas primitivas con los celos respecto del miembro más viejo que poseía varias mujeres, y la  tesis  de Atkinson sobre el asesinato del  tirano paterno, Freud en su texto “Tótem y tabú”  se sirve del mito para explicar la función del padre.

El mito del  padre de la horda primitiva, es un padre terrible,  poseedor de todas  las mujeres que es asesinado por los hijos varones por la relación de rivalidad con él. El resultado de dicho asesinato es formalizar, dentro del orden social, el pacto de instituir una mujer prohibida: la madre.

La figura del padre muerto es la marca de una ausencia, de una falta, de una prohibición que limita el goce y que abre el deseo por otra mujer que no sea la madre.

La función del nombre del padre es operar en está  prohibición de acceder al goce y al deseo de la madre y es a través de las palabras, del significante, como opera la función del nombre del padre.

En este sentido, en la carta como Kafka rechaza la interdicción del padre, lo acusa de  interponerse  entre él  y  su madre, sentimiento de rechazo que le produce una gran culpabilidad:

 “Es cierto que mi madre era infinitamente bondadosa conmigo, pero para mí todo aquello estaba en relación contigo o sea, era una relación mala, …no había una reconciliación propiamente dicha, que la madre sólo me protegía de ti a escondidas, me daba, me permitía algo a escondidas, y entonces yo era para ti ese ser retorcido y falso que se sabe culpable…aquello a lo que creía tener derecho….volvía a aumentar el sentimiento de culpabilidad…siempre quedaba todo en relación contigo”.

La función del padre es una función simbólica, una metáfora, un nombre que sustituye al padre. No se trata del padre de la realidad, pues no hay adecuación absoluta de la persona a la función.

De entrada hay que hacer una puntualización importantísima: La función del nombre del padre es ser agente de la ley, pero no ser la ley. Sólo el padre sometido a la ley es el que puede funcionar como agente de la misma.

Y el padre que nos presenta Kafka en su carta no es un padre sometido a la ley, sino un padre que es la ley, y lo que nos muestra es su sentimiento de ser invadido del padre; no es el padre en su función de agente de la ley, sino la ley misma, incluso una ley tiránica. “No se podía roer los huesos, tú sí. No se podía sorber el vinagre, tú sí….no acatabas los mandamientos que me imponías a mí….vivía bajo unas leyes que sólo habían sido inventadas para mí y que además, sin saber por qué, nunca podía cumplir del todo”.

La escritura como síntoma

En la operación de inscripción de lo simbólico en la constitución psíquica siempre queda un resto, es como las divisiones que no son exactas y queda un resto. Y eso es así porque el padre siempre decepciona, siempre abandona. Como bien dice Kafka: “tú por principio a aquel niño tenías que darle siempre esas decepciones;…esos desengaños del niño no eran desengaños de la vida corriente sino que, por tratarse de tu persona, medida de todas las cosas, llegaban hasta la médula.

 

Sabemos que siempre hay algo que no puede decirse con palabras, que no puede simbolizarse, y es precisamente esa imposibilidad de decirlo todo lo nos lleva a no parar de intentarlo.

Pero sucede que es esta decepción, este fracaso el que abre la puerta al éxito, abre la puesta al deseo, podríamos decir que el éxito está en su fracaso. Un fracaso que aparecerá como síntoma.

En Kafka la escritura funciona como síntoma, es la falla del padre la que le hace escribir. Incluso podemos ir un poco más allá y decir que la escritura es su partenaire. Kafka a lo largo de su vida tuvo varias mujeres, y no solo que no llegó a casarse con ninguna, sino que fue un novio a la fuga en varias ocasiones.

A una de sus novias le escribía diariamente, cartas en las que hablaba del amor infinito y del futuro encuentro, que sin embargo nunca se produjo. En Kafka, las cartas suplen la imposibilidad de construir un partenaire femenino, su verdadera novia es la escritura, y llegó a manifestar que lo único que realmente le interesaba era la escritura y de hecho dedicó su vida a escribir.  Su partenaire era el acto mismo de escribir, hasta tal punto de no querer dar a leer ni por supuesto publicar sus escritos.

 

¿Qué relación tiene Kafka con la ley?

El sometimiento de Kafka a la ley impuesta por el padre, es total, todo está bajo la ley del padre, llegando incluso a la admiración y a una obediencia total. De este lado la demanda de amor dirigida al padre llega incluso hasta la queja de no ser siquiera insultado por su padre como prueba de su amor.

Para Kafka todas sus ideas tienen que estar confirmadas por su padre, pero como el padre no las confirma, Kafka se encuentra capturado en una infinitud, en una infinitud de ideas, en una infinitud de culpa y de deuda.

Esa es la misma infinitud que podemos captar en “Carta al padre” en la que sin tregua alguna, vemos cómo página tras página insiste la culpa, la deuda y la vergüenza.

Carta al padre es un texto abierto al infinito, nunca llega algo que pueda parar esa deriva, una deriva que incluso va más allá de la propia muerte de Kafka.

Gracias a que su amigo Max Brond, saltándose la debida lealtad, no cumplió con el deseo de Kafka de quemar su obra tras su muerte, el mundo puedo conocer su obra.

Una vez más vemos cómo desde la excepción surge algo nuevo.

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