DEMASIADA FELICIDAD, O EL BINOMIO DE UNA ECUACIÓN INDESCIFRABLE. Antonio Villahermosa

No supe nada, hasta ahora que he leído el libro, de Sofía Kovalevski ni de Alice Munro, protagonista y autora, respectivamente, de este relato: Demasiada Felicidad.

No obstante, la peculiaridad del relato puede que sea la vehemente y exaltada devoción de la autora por la protagonista, porque sabemos que la protagonista fue una persona real, de carne y hueso, y la autora no dudó en soterrar a la persona convirtiéndola en personaje imaginario; así, ¿podría ser este su homenaje?

Sin saber demasiado me introduzco en el relato propiamente, no en los últimos meses de la vida y muerte de Sofía, sino en cómo Alicia articula el relato.

Esta falta mía de saber tanto de la una como de la otra, me hace pensar en el título, Demasiada Felicidad, y apoyándome en mi falta y en lo que leo, lo reconvierto en Demasiado Saber, demasiado saber de la autora, demasiado saber supuesto.

Todo arranca en el cementerio con un saber mistérico, esotérico, fuera del saber, “uno de los dos morirá este año”, le dice Sofía a su amante Maksim. ¿cómo lo sabe?, “…estamos a día 1 de Enero, en un cementerio “. Es un saber cabalístico, que dice que hay otro que lo sabe todo lo por venir, lo que sucederá.

Claro, Alicia, la autora, lo sabe, pero lo introduce así. Hay otros momentos en los que la autora juega con este saber: el gato negro, augur de lo malo, o el médico agorero hablándole de la viruela que nadie sabe, o el propio viaje a Estocolmo “adentrándose en un crepúsculo estremecedor”.

El lector se ha montado, desde el principio, en este saber supuesto –el lector que no conocía la historia de Sofía Kovalevski-: ¿quién de los dos morirá? Pero como es el comienzo se le olvidará mientras va leyendo, mientras va viviendo.

Pero hay otros saberes a lo largo del texto:

-La respuesta de Maksim: eso son cosas de mujeres. Los hombres no están en esas historias.

-El encuentro de los dos amantes, pletórico, exuberante, de una comprensión inmediata, tanto que le hará pensar, saber, a Sofía, que él estaba decidido a convertirla en la mujer de su vida, algo que no deja de ser uno de los modelos del saber sobre el amor en las neurosis histéricas.

-La carta que Maksim le escribe a Sofía desde Beaulieu: “… si te amara…”. O cuando le hace pensar que su hija la necesita, ¿es que no era ella una buena madre?, cuestión que no se responde, que no llega a saber.

-Lo que sabe ella de Suecia: carácter comedido, correcto…, a diferencia de París o San Petersburgo que eran todo lo contrario.

-Lo que le dice a su amiga Julia tras el encuentro en Beaulieu con Maksim: voy a ser feliz, feliz.

-Lo que sabe su amiga maría Mendelson: cuando un hombre sale de una habitación, se lo deja todo allí. Cuando sale una mujer , se lleva todo lo ocurrido allí.

-Lo que sabe Weierstrass: Sofía sería la alumna que lo cuestionaría, que volaría más lejos que él.

-Lo que Sofía sabe mal hecho no contestando a las cartas de Weierstrass y alejándose de las matemáticas

-Lo que sabe Aniuta para elegir a Jaclard en lugar de a Dostoievski, a pesar de que es egoísta, infiel y cruel, pero del que está enamorada. Y lo que sabe también sobre el futuro de la mujer-

-El saber de su marido, Vladimir, que lo lleva hasta el suicidio.

-Lo que sabe Urey, su sobrino, sobre la inutilidad de los estudios matemáticos.

-Lo que sabe Sofía sobre lo inaguantable de la vida si no existiese Dios, un saber ancestral.

Pero como último saber me quedo con el de la experiencia de Sofía cuando, a los doce años, se introduce en el lenguaje nuevo y gozoso de la trigonometría. Dándose cuenta de que lo comprendía “no se llevó una gran sorpresa pero sí una enorme alegría”. Las matemáticas eran en ella un don natural.

Y este puede ser el asunto de “Demasiada Felicidad”.

Hacia el final del cuento, hacia el final de la vida de Sofía, casi en un estado alucinatorio, piensa en la realización de un nuevo estudio matemático que era el más ambicioso, más importante y hermoso que había investigado. Y luego, recordando su infancia en Palibino, le vino una idea para un nuevo relato: había un momento hacia adelante y hacia atrás, había un pulso en la vida, algo oculto que descubría. Así, al final, demasiado saber y, según creyó oir Teresa, demasiada felicidad.

Tal vez la conjunción de estas dos fórmulas darían como resultado el extravío, o lo que es lo mismo, el ser pleno.

Puede que Sofía, en algunos de sus aspectos conjugue bien con su etimología: la que posee sabiduría. Pero es un saber de los conocimientos técnicos. En cuanto al saber del que se trata pienso que no sabe o no quiere saber nada, en correspondencia con la tipología histérica.

Pero, ¿y Alicia? Su etimología viene también del griego, Aletheia: A, sin, y Letheia, ocultar; la verdad sin ocultar. Pero la verdad no se puede decir, toda. Tal vez por eso Alicia se administra con ese saber… supuesto, y hace a la verdad cuento. Un cierto tipo de cuento, porque, desde luego, no es la Alicia de Carroll, la que se metía en todos los charcos; sería la que ve los charcos y da un salto por encima de ellos. Puede que sea este un estilo de vida o un estilo de escribir.

Y puestos a pensar, pensaba: ¿qué pensaría Sofía del cuento escrito sobre ella por Alicia? Tal vez diría que es un relato correcto, adecuado, conveniente… como el que haría una buena sueca, sueca del norte de América.

Esto, claro, lo pienso yo.

Antonio Villahermosa.

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