El Aleph versus A,B,C…Z. Comentario de Antonio Villahermosa

La palabra que más cuenta para Borges en este cuento no es la de su titulo: El Aleph, es, y contémoslas, BEATRIZ…, el nombre de una mujer: Beatriz Elena Viterbo… Beatriz.

Arranca el cuento en 1929, año en el que muere Beatriz, y acaba, el cuento, en 1943, sobre marzo. Aproximadamente transcurren unos 14 años. Para Borges no es un número indiferente. En otro de sus cuentos, La casa de Asterión dirá, son infinitos

Es un cuento sobre el enamoramiento obsesivo que siente el protagonista por esta mujer, después de muerta, también. Cada 30 de abril, cumpleaños de ella, y año tras año,  hace el ritual: ir a la casa; casa en la que todo es ella: Beatriz de perfil, con antifaz, casada, divorciada, en tal o cual sitio, con tal o cual persona; de frente, de tres cuartos, sonriendo, con la mano así, etc., presentándonos así a una mujer caleidoscópica, fragmentada. ¿Serán todas las mujeres en una?, ¿o una mujer que son todas? Qué más da…

El segundo personaje que aparece es Carlos Argentino Daneri, primo de Beatriz (curiosa similitud con la obra que ya vimos de Ernesto Sábato, El túnel).

Para el protagonista, este personaje es su antagonista, su alter ego: ha tenido el amor de Beatriz, es escritor, como el protagonista, escribe muy barrocamente, cosa caricaturizada en el relato –aunque el propio Borges dirá que él mismo empezó a escribir así. Protagonista y antagonista desarrollarán y mostrarán la tensión mortífera que existe entre ellos: cuando Carlos le cuenta al protagonista que encontró el aleph, este pensará de aquél que está loco; pero cuando en su decir, aquel junta el aleph a Beatriz éste no duda en ir a verlo, y ya en el sótano y después de haber tomado un licor pensará que Carlos quiere matarlo.

¿Cuál es la locura de Carlos Argentino amén de proteger y resguardar el Aleph?

Se propone versificar toda la redondez de la tierra, del planeta, en un poema, “La tierra”, todo en un poema. ¿Era un loco, o lo está por haber encontrado el aleph?

Pero, ¿qué es el aleph? Dirá: “Un punto en el espacio que contiene todos los puntos; el lugar donde están todos los lugares vistos desde todos los ángulos. Todo…, el infinito.

En este punto, el protagonista –Borges-, planteará su conflicto: “este es el centro de mi relato; empieza aquí mi desesperación de escritor: todo lenguaje es un alfabeto de símbolos y su ejercicio supone un pasado, ¿cómo trasmitir a los otros el infinito, el aleph, que mi memoria apenas abarca?” Y concluye, y menos mal, diciendo: “el problema es irresoluble; no es posible enumerar el infinito…” y cuando va a hablar de lo que vio, de lo que sus ojos vieron, dirá: “ todo estaba en el mismo punto, simultáneamente, sin superposición. Pero para escribirlo: “lo transcribiré en sucesivo, porque el lenguaje lo es”. No puede decir todo lo que ve al mismo tiempo, sino sucesivamente, y este es el trabajo, la falta que nos convoca al ser hablante; y no situarse en ese límite, su desbordamiento, sería “la cosa loca”, o la casa loca. Al final, la casa es destruida, y con ella el Aleph.

Pienso que este símbolo, el Aleph, el autor, lo saca, y apelo a su biografía, tres lugares:

  1. De su abuela materna, de la que Borges hablará impresionado: “Se sabía toda la biblia de memoria; la tenía toda en su cabeza, y siendo de familia de predicadores el mundo todo estaría en ella, en la biblia, y en la cabeza de la abuela.
  2. La herencia de su padre: la biblioteca para Borges. La biblioteca de su padre lo era todo. Desde muy pequeño leía y leía, y muy pronto también escribiría, a los 10 años. Siempre estaba leyendo, dirá su hermana Norah. El mismo Borges dirá: “la biblioteca de mi padre es el episodio fundamental de mi vida; de ella nunca salía, nunca he salido, y con 80 años –cuando lo dijo- sigo leyendo las libros de la biblioteca”.
  3. Pero el jovencito Borges no salía de casa porque LA MADRE, doña Leonor, así lo disponía debido a sus temores y angustia sobre las infecciones y enfermedades del hijo. Ella era la que gobernaba en la casa, ya que el marido quedó prematuramente ciego y ella era su luz. A los 55 años, Borges ya no puede leer, se va quedando ciego, y ella, la madre, haría lo mismo que con el marido, con el padre. Quiere ser la luz para su hijo.

Si el nombre de Beatriz se repite hasta la saciedad en el texto, querría entresacar uno que solo sale una vez: la persona a quien Borges le dedica el cuento: Estela Canto. ¿Era el cuento un canto a Estela?, ¿cantó y esto es otro cuento del que no quiere hablar Borges?

Pero, retomando el cuento que cantó Estela Canto  hay otro cuento: el de la madre, doña Leonor, que es el cuento de todos los cuentos.

Termino diciendo algo que Borges contó, en donde vemos solaparse escritura y mujer: las mujeres fueron lo único que me hizo pensar en el suicidio. Cuando una no me quería, yo estaba dispuesto a matarme; pero entonces siempre tenía que terminar un cuento o un poema, y mientras tanto llegaba otra mujer. Me pasaba la vida pensando en ellas, y al escribir trataba de evadirme de ellas.

Antonio Villahermosa

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