Juan Pablo Castel y Augusto Pérez, dos personajes que no sabían amar a las mujeres. Comentario a “Niebla”, de Unamuno. Concha M. Miralles

 El mundo es un caleidoscopio, dice Augusto Pérez, el protagonista de “Niebla”, de Miguel de Unamuno. Y en ese juego de imágenes caleidoscópicas, rememorando la lectura reciente de El túnel me encuentro con dos personajes, dos hombres de ficción: Augusto Pérez y Juan Pablo Castel, que tienen en común el fracaso en el intento de amar a las mujeres. Los dos se enamoran de mujeres que no les corresponden y sufren por amor o, mejor dicho, por desamor. Y si bien las diferencias entre una y otra historia son demasiado grandes como para establecer paralelismos, también puede encontrarse cierta semejanza en la imagen que podríamos dibujar de esos dos personajes dolientes por el rechazo amoroso de la mujer en la que han puesto sus ojos. ¿Es casual esa elección amorosa? El caso es que, una vez que la han hecho, ninguno de los dos puede salir a salvo de ella: el uno acaba matándola, el otro quiere suicidarse.

La historia de El túnel la sabemos porque Juan Pablo Castel decide relatarla por escrito desde la celda de la prisión donde cumple condena por haber asesinado a María Iribarne. Le preocupa encontrar un editor que la publique después. Quiere que esa historia tenga un público que la lea, de  forma que además de autor será personaje, o tal vez ahora es autor porque antes fue personaje… Augusto Pérez, de Niebla, descubre con gran desolación que  él es sólo  un personaje de ficción hablado y narrado por un autor al que se rebela sin lograrlo; su existencia es como la imagen de otro reflejada en un espejo. Uno es dueño de sus propios actos, el otro no; uno se reivindica como autor, cuando antes no fue sino un personaje; el otro es el personaje creado por un escritor que querría no serlo. Ser real o ente de ficción…, nadie parece ser lo que es, o se es lo que no parece… Lo cierto es que, siendo lo que sean, los dos se ven sumidos en el drama de un amor que los tortura verdaderamente. El sufrimiento por amor es la trágica verdad de ambos. Falta saber si el amor, esa pieza central en la frase y en sus vidas, es ente de realidad o de ficción.

Por otro lado, en este baile de autores y personajes podríamos cuestionarnos la posición con respecto a sus personajes de los respectivos autores en estas dos obras literarias: Ernesto Sábato y Miguel de Unamuno, y seguro que habría mucho y muy distintas cosas que decir en cada caso, pero es el turno en este artículo de los personajes que han creado.

Augusto Pérez se enamora de Eugenia como si hubiera sido herido por las flechas de Cupido, sólo con verla por la calle y oír su voz, y a partir de ese momento la convierte en la obsesión de su vida y de sus sueños. Y este sentimiento es tan nuevo y grande para él que “así que me enamoré de una me sentí en seguida enamorado de todas las demás”. Descubre a partir de una mujer que existen todas las demás, y esto le fascina.

Juan Pablo Castel, en cambio,  sólo puede querer a María, no tiene ojos para otras mujeres. Es celoso, duda de ella, la pone a prueba, la espía, la persigue, la quiere sólo para él y no soporta la idea de que pueda querer o estar con otro que no sea él.

Para los dos hombres, Juan Pablo y Augusto Pérez, la mujer de sus sueños pasa a ser la mujer de sus pesadillas. Quizá, por ello, el tono de las obras, tragicómico, una, más trágico que cómico en la otra, acompaña perfectamente el palpitar de las tramas. No hay poesía en Niebla, sí en El túnel…  Juan Pablo Castel dice tener una sensualidad introspectiva, casi de pura imaginación, y se emociona con el color de un tronco, de una hoja seca, de un bichito cualquiera, con la fragancia del eucalipto mezclada al olor del mar… Y esa poesía, estilísticamente, cumple una importante misión literaria dentro de la obra, porque consigue reforzar aún más el contraste con los violentos hechos que suceden. No hace falta nada de esto en la trama de Niebla ni al personaje de Augusto Pérez, un personaje creado por su autor que quiere gozar de vida plena, ser de carne y hueso, como Pinocho en manos de Gepeto, y al que le falta voluntad y determinación.

Cuando salió Augusto de su entrevista con Paparrigópulos íbase diciendo: «De modo que tengo que renunciar a una de las dos o buscar una tercera.¡No, dos no!, ¡de ninguna manera! De no contentarse con una, que yo creo es lo mejor y es bastante tarea, por lo menos tres. La dualidad no cierra.”

Y, como no hay dos sin tres, seguro que en este ir y venir deletreando por los vericuetos de la literatura nos encontramos pronto con otra historia de algún otro enamorado al que no le salen las cuentas con su Julieta, y quizá entonces ese tercer hombre nos ayude a conocer mejor ese misterio que habita entre el deseo y la literatura, el amor, y de paso, también a comprender un poco más el alma femenina pues en esta “nivola” queda un poco en entredicho.

Llego al final del artículo y encuentro otro título posible para el mismo: “Negro y blanco”; el negro del túnel, el blanco de la niebla. El blanco de una página sobre la que se escribe una historia y se inventa un personaje –Augusto Pérez-, y el negro de los trazos que dibuja la mano del autor de su propio personaje – Juan Pablo Castel-. Al fondo, tal vez, un alegre aleteo de faldas y tacones. Mujeres ocupadas en sus cosas, comprometidas con otras historias, ajenas al sentimiento amoroso que han despertado en tan singulares personajes.

Concha M. Miralles

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s