Crónica tertuliana

El tema de esta tertulia era “la casa como personaje literario”, la obra el cuento “Casa tomada”, de Julio Cortázar. Un poco pasadas las siete de la tarde, animados los asistentes con las caipiriñas de La Azotea se hizo un repaso a otras casas literarias, como la de los Usher, de Poe o la del Horla, de Maupassant. Casas conocidas por muchos de los que allí estábamos reunidos, por haberlas recorrido en anteriores tertulias. Pero la que había sido elegida para pasar esta velada, la de Cortázar, tuvo un particular efecto magnético y apenas nos dejó acercarnos a las otras.

Hubo en esta ocasión algunas caras nuevas, amigos y conocidos que poco a poco van haciendo lugar en sus quehaceres y rutinas para sumarse a deletrear y que enriquecen con su participación este espacio. Algunos no dejaron de mostrar su asombro ante la aventura de los hermanos. Pero también hubo otros contertulios más proclives a acentuar el carácter absurdo, incluso banal, del relato. Lo compartido, no obstante, fue la admiración por tan singular y poliédrico relato.

Se hizo mención a lo que podría llamarse el “efecto Cortázar”, ese clic que en un determinado momento del relato, de forma natural y sin apenas hacerse notar, cambia el plano de la historia y revela lo fantástico tras la apariencia de lo cotidiano.

Se habló del incesto en relación a la autosuficiencia y complementariedad en la que los dos hermanos vivían, de sus vagos deseos y la comodidad de su encierro, y de cómo los ruidos de la casa tuvieron la función de echarlos a la calle, a la vida, al riesgo y a la aventura.

También se trató a la hermana no como un verdadero personaje sino como el alter ego del personaje narrador, destacándose su labor tejedora cogida entre uno y otro lado de la puerta cancelada.

Se destacó, así mismo el origen de este cuento, que Cortázar reconoce en uno de sus sueños, desentrañando en qué se diferencia el sueño del cuento.

Respecto a la doble naturaleza de aquellos ruidos amenazantes, por un lado ruidos domésticos, propios de una casa habitada: el volcar de una silla, susurros…, pero con la peculiaridad de resonar precisamente en las habitaciones vacías, allí donde no había nadie, los contertulios pasamos de largo; algunos desdeñosos, otros de puntillas, como si se anduviera del lado de los sueños. De este modo, rozando lo real pero también lo fantástico, dio la hora de terminar, porque en La Azotea seguía un recital.

Ya en la puerta algunos tertulianos continuaron hablando del cuento: el sentido maternal que representa la casa…, ideas interesantes que habían quedado en el tintero.

Con la sensación de que nos había quedado mucho por decir, y también con la certeza de que nunca todo puede ser dicho nos despedimos hasta el próximo encuentro. En septiembre nos sumergiremos en la “Niebla” de Unamuno.

Feliz verano a todos.

                                                                                   Alguien que estuvo allí

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