La casa como símbolo de la subjetividad, por Mari Cruz Alba

Voy a comenzar por detenerme en el verbo “tomar” que según la RAE    tiene treinta y tantas acepciones que van desde comer y  emborracharse, hasta, la acción del macho de cubrir a la hembra, pasando por tomar lo que no es tuyo, como puede ser hurtar o tomar una cuidad en situación de guerra.

También se  toman  fotografías o planos en el cine, o bien tomamos un camino o la tomamos con  alguien.

Es posible que la que mas acorde con el cuento sea la  acepción de “Ocupar un sitio cualquiera para cerrar el paso o interceptar la entrada o salida”.

Hay otras dos que me parecen especialmente interesantes y que también me han guiado en este comentario.

Una es la de tomar como interpretar algo en determinado sentido, de tal manera que algo que sea tomado es darle un nuevo sentido;  y la otra es la  de recibir en un mismo los usos, modos o cualidades de otro, es decir  imitarlos.

Cortázar en este cuento hace un desplazamiento de la familia a la casa, la casa como identidad familiar y como soporte material de la construcción subjetiva de sus miembros.

Así vemos en el cuento cómo la casa determina a los personajes hasta tal punto que es la casa la que nos los deja casarse, la que les impide a los personajes dejar de ser hijos para poder llegar a ser un hombre y una mujer y poder tener un partenaire o formar su propias familias.

Este desplazamiento también lo podemos ver en el cuento “La caída de la casa la Usher” con cuyo nombre Edgard Alan Poe se refiere tanto a la familia como a la mansión familiar.

Ambos cuentos nos muestran la casa como identidad, como lugar de ser y de vida y también de muerte.

Los personajes de la casa tomada no tienen más identidad  que ser hermanos. El único rasgo de identidad que Cortázar nos muestra del personaje narrador viene por la casa y por su condición de ser el hermano de Irene, es de la casa y de su hermana de lo que quiere hablarnos, ya que, como nos dice, él no tiene ninguna importancia.

Por su lado, Irene tampoco tiene mas identidad que ser una hermana pues lo demás, es decir los otros semejantes, mas allá de la familia no existen, es mas,  sería una molestia, y ella ha nacido para no molestar a nadie.

La casa como espacio vivido toma un sentido subjetivo. El poder de la casa familiar, para sostener las identificaciones y las construcciones subjetivas  no viene dado por el valor de la finca, ni por los objetos valiosos que ella pueda contener, como los exquisitos gobelinos del cuento, sino que es un poder construido a lo largo de la historia familiar, procede, digamos, de una construcción, de una construcción de sentido.

Cuando habla de ese polvo que se palpa en los muebles, que cuesta trabajo quitarlo, que vuela, que se suspende en el aire e inmediatamente se vuelve a depositar en el mismo sitio, en esta preciosa metáfora del polvo,  ahí podemos ver la insistencia y persistencia de este sentido subjetivo.

A lo largo de todo el texto de La casa tomada y en especial con esta metáfora del polvo, Cortazar nos muestra la inmovilidad mortífera que pueden suponen algunas identificaciones familiares.

La casa tomada como cuerpo

 Según Julio Cortázar, todos los cuentos, en especial los fantásticos, cito textualmente “son productos neuróticos, pesadillas o aluci­naciones neutralizadas mediante la objetivación y el traslado a un medio exterior, al terreno neurótico”

Es a partir de la lectura de estas declaraciones de Cortázar que pienso en el cuerpo.

Para el psicoanálisis  cuerpo y organismo no son lo mismo.

El organismo es pura naturaleza programada que siempre sabe lo tiene que hacer para sobrevivir. Los animales son guiados por el instinto, instinto que en el ser humana está totalmente alterado por el lenguaje.

A diferencia del organismo que viene dado, el cuerpo es una construcción, es algo a construir.  El cuerpo es un organismo touché, tocado por el lenguaje, de tal suerte que dicha programación queda totalmente desprogramada. La consecuencia de esto se pone de manifiesto en las dificultades que tenemos en relación al propio cuerpo.  Para todos existe la dificultad estar siempre intentando averiguara cual es la medida exacta de lo que tenemos que comer, de las relaciones sexuales que queremos tener o de lo que hemos de defender, pues todo esto siempre es subjetivo, y no depende del instinto sino de una serie de factores culturales, todos ellos derivados, en última instancia del hecho de que el ser humano habla.

Y al igual que la casa de Cortazar es tomada por ruidos extraños, podríamos decir que cuando el organismo es tomado por las palabras puede convertirse en cuerpo, pues para el psicoanálisis de entrada el cuerpo no existe, al contrario, el cuerpo es algo a construir. Una construcción hecha con tres tipos de elementos, el organismo, la imagen de ese organismo y las palabras puestas sobre ambos.

Si en el cuento las piezas de la casa, que una vez tomadas, van siendo abandonadas,  de igual manera, una vez los distintas partes del cuerpo son humanizadas por la imagen y por las palabras, pasarán a tener una función diferente a la puramente anatómica o fisiológica, e incluso pueden llegar a ser abandonadas.

Y no digamos de la sexualidad que por supuesto ya no es guiada por el instinto con el único objetivo de la procreación, sino que se convierte en la parte más compleja y la fuente de los mayores sufrimientos para el ser humano, desde el momento en el que va acompañada de los afectos y del amor.

Y así sucesivamente, con todas y cada una de las partes de nuestro cuerpo, y principalmente con los orificios, pues es alrededor de ellos donde se juega la conveniente erotización del cuerpo. Así es como la boca ya  no solo servirá para comer, sino también para besar.

Hacerse un cuerpo y poder vivir con él, sabemos que es algo bastante complicado, pues, el resultado de esa construcción del cuerpo hablado no es una operación exacta, no es una división exacta, sino que es siempre hay un resto, un resto con el que no sabemos muy bien como manejarnos y que vemos como se manifiesta por ejemplo en los ya clásicos  rechazos neuróticos del cuerpo.

En nuestro entorno, vemos síntomas como la anorexia, la bulimia,  las toxicomanías, y la fibromialgia, que son las diversas formas en las que Actualmente vemos manifestarse la pulsión mortífera del rechazo al propio cuerpo.

Sabemos que todos esos síntomas son la manera en la que los cuerpos hablan, se trata entonces escucharlos, y no abandonarlos a la deriva del sufrimiento, pues sin cuerpo no hay vida.

 

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