Comentario a “Cosmética del enemigo” de Amélie Nothomb, por Mª Luisa de la Oliva

Releo Cosmética del enemigo, y para mi sorpresa, encuentro esta segunda lectura mucho más interesante que la primera.

Lo primero que me suele llamar la atención en los libros de Amélie Nothomb, es el título. Por cierto que me extraña no ver en este libro su imagen en la portada, como es habitual.

Me pregunto ¿qué tiene que ver la cosmética con el enemigo? Según el diccionario de María Moliner, cosmética viene de Kosmetikós, derivación de  Kosmos: mundo, universo. Conjunto de todo lo que tiene existencia física en la tierra y fuera de ella. Ese conjunto considerado como un todo ordenado, por oposición al caos. Cosmético es cualquier sustancia empleada para embellecer el cutis, el pelo etc.

Veamos cómo se define Texel Textor :“Soy una persona extremadamente formalista. Actúo según una cosmética rigurosa y jansenista…..La cosmética, ignorante, es la ciencia del orden universal, la suprema moral que determina el mundo”. 

Veamos ahora cómo define lo que es el enemigo: “Es aquel que, desde el interior, destruye lo que merece la pena. Es el que te muestra la decrepitud contenida en cada realidad. Es aquel que saca a la luz tu bajeza y la de tus amigos. Es aquel que, en un día perfecto, encontrará una excelente razón para que te tortures. Es aquel que te hará sentir asco de ti mismo. Es aquel que, cuando entreveas el rostro celestial de una desconocida, te revelará la muerte contenida en tanta belleza”.

Esa definición sobre la cosmética aparece después de haber soltado páginas antes los nombres de Spinoza, Max Stirner, Pascal, Jansenio, y otro que aunque no nombra, metonímicamente está presente, que es Fiódor Dostoyevski, autor de Crimen y castigo. Ahora lo empiezo a entender, se trata de un libro sobre moral, escrito de una forma en la que establece una dialéctica con todos esos autores, extrayendo sus propias conclusiones que a la vez son las que sustenta y conforman su libro. Nothomb va dejando nombres, a modo de pistas para que el lector construya el puzle que es este libro. Otra de esas pistas es el nombre de la estación de metro cercana a la vivienda en París de Texel Textor: Port Royal. Siendo él un hombre que de adolescente se entretenía con la lectura de Pascal, no es cualquier cosa.

Max  Stirner (1806-1856) fue un educador y filósofo alemán. Sus ideas sobre el soberanismo del hombre sirvieron de apoyo a diferentes corrientes anarquistas a lo largo del siglo XIX y XX. En su libro “Lo único y su propiedad”, plantea que el individuo es ante sí mismo el único ser supremo, es decir, liberado de las ataduras de Dios. Este individuo es el “único”, y se trata de que el hombre dé rienda suelta a su egoísmo para poder alcanzar la máxima plenitud. Su idea de la sociedad es la de una asociación forzosa de seres alienados controlados por el Estado, la iglesia, la educación. A esto, él opone la idea de la “libre asociación”, en la cual, los individuos soberanos se reúnen de manera libre y con fines mutuamente egoístas.

Esta es de alguna manera la moral de Texel Textor, alter ego de Jerôme Angust.

Frente a esto, estaría la moral jansenista, a partir de la cual se creó la comunidad de Port Royal con su Gramática General y Razonada. Cornelius Jansen (s. XVI-XVII) preconizaba una moral austera en la cual no era posible la expiación completa del pecado y la predestinación. La lógica de Port Royal proporcionó el arte de pensar a generaciones de franceses. El propio Pascal fue un defensor de esta comunidad.

Jansenio estaba en contra de la idea del libre albedrío. Para él, tan sólo la gracia de Dios permitiría realizar obras buenas. Pero para que esta gracia resulte vencedora, el hombre debe de renunciar totalmente a sí mismo y actuar de acuerdo con la voluntad divina. El propio Texel Textor se define a sí mismo como alguien que actúa según una “cosmética rigurosa y jansenista”.

Decía que hay un nombre que no aparece y es el de Fiódor Dostoyevski, pero su Crimen y Castigo está latente a lo largo de toda la obra de Nothomb. En torno a Crimen y castigo hay una pregunta que atañe a la moral: ¿es justificable un asesinato de una vieja  que se aprovecha sin piedad de los demás mediante la usura para evitar de esta manera que la hermana  del protagonista haga un matrimonio de conveniencia para ayudar a la madre y a él y después asesinar también a la hermana de la usurera al ser sorprendido? Un sujeto que a partir de entonces vive abrumado por las dudas acerca de su acto asesino y sin confesar a su hermana ese acto y entregándose finalmente  a la justicia.

Textor Texel es el nombre de ese extraño personaje que invade la intimidad de Jerôme Angust cuando éste se encuentra en pleno estado de nervios en un aeropuerto y después de recibir el aviso de un retraso en su vuelo. Este es el comienzo del libro. Todo se desarrolla en este lugar tan impersonal, que como dicen algunos sociólogos en un no-lugar.

Texel es el patronímico de una isla Frisia al oeste de Holanda. Por cierto que los habitantes de estas islas quieren la independencia de Holanda. Es el holandés errante, lo extranjero de uno mismo, como se verá al final de la novela.

Nos explica que el origen de Textor es texto, y que este procede del latín texere que significa tejer. Cuando le pregunta a Jerôme qué etimología cree que  tiene este nombre, Jerôme dice que escarmiento, castigo, lo cual interpreta inmediatamente Texel como que tiene algo que reprocharse a sí mismo, y que Jerôme niega diciendo que la justicia no existe y que siempre pagan justos por pecadores.

Así pues, Textor se refiere a un redactor como él mismo nos dice, el que teje el texto, y efectivamente este personaje es que teje la trama, y a la vez el que devela hilo a hilo lo que estaba escrito en Jerôme sin que este quisiera saberlo.

Textor es la Voz de Jerôme. Esa Voz, que él quiere acallar, le va recordando todo lo que no quiere escuchar, como por ejemplo el suicidio de sus padres a la edad de cuatro años, a los que encontraron ahorcados uno al lado del otro de la viga del comedor, sin dejar ninguna nota,  y su vida posterior con los abuelos en Holanda. También que a los 8 años creyó haber matado a un compañero. Se trataba de un niño al que envidiaba y odiaba apasionadamente por sus excelentes resultados académicos, sobre todo en gimnasia. Rogó a Dios que le matara, y a la mañana siguiente la profesora les informó de que este niño había muerto de una inesperada crisis cardiaca. Esta concatenación de sucesos fue lo que constituyó su certeza de que él era el causante de su muerte. Este primer “asesinato” no le suscitó culpa. La culpa apareció en el mismo momento en que perdió la fe a los 12 años, cuando descubrió que su repugnancia inicial hacia la comida de los gatos se transmutó en un ansia por devorarla, no porque le gustara sino porque un enemigo interior se apoderó de él hasta el extremos de hacerle perder la fe en el poder de Dios, que no de su existencia. A partir de ese momento se convirtió en un ser torturado, angustiado, y empezó a comer como un poseso.

A partir de aquel momento se encontró con un Dios débil, un “mamarracho”, impasible a sus insultos, y al cual él se veía en la obligación de  hacerle reaccionar. Descubrió pues la nulidad de Dios y el poder omnipresente del enemigo interior que residía dentro de su estómago. Estas reflexiones de Textor recuerdan mucho a las amargas acusaciones del Presidente Schreber a Dios, un Dios que no comprendía a los vivos.

Jerôme Angust cree que el enemigo está afuera y no en su interior. Es un hombre que, como dice Textor, necesita ponerse enfermo, pues tan solo hay curación cuando hay enfermedad, y Jerôme no se sabe enfermo. Eso lo sabemos los psicoanalistas, que tan solo es reconociendo los propios síntomas que estos se pueden curar.

El segundo asesinato del que habla Textor, es de una mujer a la que encuentra en el cementerio de Montmatre. Se enamoró de su rostro, de su imagen. Era la primera -y única- vez que deseaba a una mujer, y decide violarla. Fue la única experiencia sexual de su vida. A partir de entonces, se dedicó a vagabundear por París buscándola. Después de diez años, la encuentra y decide seguirla, esta vez en otro cementerio, el de Père Lachaise. Solo quería dos cosas: saber su nombre y que ella se pudiera vengar. La justicia que buscaba es la que ella hubiera podido ejercer de su propia mano matándole. No necesitaba morir sino que le mataran, entendiendo por ello no un remordimiento por su acto, sino la reciprocidad del amor, haciendo equivalentes el sexo y el asesinato. En este punto Jerôme descubre que está ante el asesino de su mujer.

Esta alianza entre el amor y la muerte es frecuente en las novelas de Nothomb. A falta de una inscripción simbólica de la castración, que es lo que marca que la relación entre los sexos no sea simétrica, que haya siempre un punto de imposibilidad de subsumir un sexo en el Otro, lo que aparece es la muerte como lo que permitiría un corte.

Ella ni le dice su nombre, ni se presta a matarle. No quiere complacerle. Finalmente el cuchillo acaba clavándose en el cuerpo de ella, no en cualquier día, pues fue un Viernes Santo, día de la muerte de Jesús, hijo de Dios.

Es la locura de este personaje lo que le hace decir cosas como que nadie mejor que él la conocía puesto que la había violado y la había asesinado. Qué idea tan bizarra la de creer conocer a alguien por haber violado su intimidad y por haberse creído el poseedor de su cuerpo al disponer de él mediante el asesinato. Pero, lástima, le faltaba su nombre. Esta es la parte más dramática del libro, en la que Textor le pide a Angust que le estrangule -al igual que murieron sus padres-, solo que con una cuerda, algo a lo que Angust se niega, pues prefiere  que sea la policía la que resuelva el asunto. No se trata de que la justicia la aplique la ley, sino uno mismo con sus manos. No se trata de una responsabilidad civil, sino de una culpa. Asesinar a Textor sería el camino natural, el “destino cosmético” de Angust, y sería desviarse de su destino

Textor necesita un castigo, por eso quiere que Angust acabe con él, pues necesita liberarse del remordimiento de haber matado a Isabelle, ya que no experimentó placer alguno al hacerlo, así como sí lo tuvo al violarla. Es la falta de placer lo que le causa culpabilidad. El placer que le proporcionan o no sus actos es la es la vara de medir lo moral. Así pues, puro principio de placer: lo placentero es bueno, lo que no es placentero lo expulso porque lo considero malo. Es en este punto de la obra que menciona a Max Stirner y a su libro “Lo único y su propiedad”, representante de una moral en la que el otro solo interesa en tanto que puede complacer al sujeto.

Compara su apuesta de ser estrangulado con la apuesta de Pascal, que era un argumento creado por Pascal sobre la creencia en la existencia de Dios, basado en que esta sería una cuestión de azar. Aunque no se conoce de manera segura la existencia de Dios, lo racional sería apostar a que sí existe, pues aun cuando la probabilidad de que existiera sea muy pequeña, esa pequeñez compensaría por la gran ganancia que se obtendría, que es la gloria eterna

La idea de asociar lo bueno con lo placentero y lo que produce alegría, y lo malo con lo que produce tristeza y sufrimiento, también están en Spinoza. Para Spinoza lo bueno y lo malo son relativos. Deleuze lo explica con estas palabras en su ensayo sobre Spinoza: “(bien y mal) se expresan uno en relación a otro y ambos en relación a un modo existente. Se trata de los dos sentidos en que varía la potencia de acción; la disminución de esta potencia (tristeza) es mala; su aumento (alegría) es bueno. Objetivamente, desde este momento, es bueno lo que aumenta o favorece nuestra potencia de acción; malo lo que la disminuye o impide; y solo conocemos lo bueno y lo malo por el sentimiento de alegría o tristeza del que somos conscientes”.

Después del intento fallido de Angust de llamar a la policía, tiene lugar un diálogo fundamental en la novela. Textor le dice a Angust: “yo soy tú”…”soy esa parte de ti que no conoces pero que te conoce demasiado bien. Soy la parte de ti que te esfuerzas en ignorar….alienado de ti mismo…..Tienes el enemigo interior más molesto del mundo: yo”… “soy la parte de ti que no olvida nada”…, y le dice que precisamente esa ignorancia en la que ha vivido es lo que ha provocado que surgiera esa Voz en el interior de su mente, pues ya no era posible aguantar más semejante escotomización de su inconsciente.

Textor le recrimina a Angust cómo ha hecho de su yo una religión extraña que no querría saber nada de las pulsiones que lo habitan. Le explica que es posible la cohabitación de opuestos en un sujeto, que el ideal de hombre de negocios esconde otras cosas bien diferentes, y que un sujeto puede tener un fantasma que se oponga a sus ideales.

Textor es la parte de Angust que se niega a sí misma y la que le proporcionó el sueño, la fantasía de violar a su mujer. Una mujer a la que mató después, y como se desvela, la mató porque creía ser quien más la amaba, locamente. “Soy esa parte de ti que te destruye. Todo lo que crece acrecienta su propia capacidad de autodestrucción. Soy esa capacidad”.

Según Textor, todos matamos aquello que amamos, y esa sería la razón de que Angust matara a su esposa. “…Incluso el más enamorado de los hombres (sobre todo el más enamorado) desea, un día u otro, aunque solo sea durante un segundo, asesinar a su mujer. Ese instante soy yo”. Angust no soportó que su mujer  rechazara su abrazo mientras la miraba con ojos de pervertido, y por eso la mató, en silencio, pues la pulsión siempre actúa en silencio.

El desenlace de la novela nos narra cuál es la única salida de la situación para Textor-Angust: arriesgar la vida, en la medida que si mata a Textor y resulta que es él mismo, morirá. Pero si no la arriesga y no le mata, su vida será una cárcel, pues en su interior no dejará de preguntarse si él era el asesino de su mujer. Así pues, hay una elección forzada, haga lo que haga, implica un riesgo, luego una pérdida. Afirma que la verdadera libertad la hallará si mata a Textor, y esa es la palabra que repite cuando se lanza contra la pared. Una vez que la cabeza de Textor estalla, Angust “dejó el cuerpo y se marchó´”.

La única salida posible que nos plantea Nothomb a esta división del sujeto, y más aún a la polarización de las pulsiones, es la muerte, que sería el fracaso de la intrincación pulsional, tan característica en la psicosis. Este suicidio del único personaje que realmente hay en la novela, nos habla de cómo un sujeto psicótico puede vivir su cuerpo y las pasiones en relación a su cuerpo. Un cuerpo al que puede abandonar, dejar como la serpiente deja la piel cuando la cambia. Un cuerpo que a falta de una significación fálica vive las pulsiones como algo terriblemente amenazante y a la deriva. Una imposibilidad de amar sin que eso implique el terror a verse absorbido por el otro en el juego de la especularización infinita, y cuya opción mortífera es siempre: el otro o yo. De ahí queTextor afirme en un momento de la novela, que en  la reciprocidad  amor, el sexo y la muerte son equivalentes.

Nothomb se sirve de las oposiciones de Jansenio y Stirner en cuanto a la moral, y a quienes parece poner cara a cara, para mostrar la confrontación entre Jerôme y Texel, que son un único personaje desdoblado. Esta novela tiene un claro carácter moralista e irónico, donde la autora toma a un prototipo de sujeto contemporáneo como puede serlo Jerôme Angust, un hombre de negocios que se ve obligado a tener que viajar mucho y a llevar una vida en la que no hay tiempo para pensar, esclavo de los ideales asociados a los logros profesionales, y al cual hace representante de la religión del yo, que es la religión que rige en el mundo actual, consistente en pensar únicamente en los propios goces, y que Colette Soler llama narcinismo.

Textor es como él mismo dice, esa parte de sí mismo expulsada, ignorada, y a la vez responsable de la autodestrucción, que justamente es lo que el sujeto del capitalismo ignora. Ignora la parte de vida que pierde en la carrera sin fin de la que ha hecho su vida, con la creencia de que finalmente obtendrá una pequeña ganancia –como la apuesta de Pascal- que le compensará de tanto sacrificio, para descubrir finalmente que eso no llega nunca, condenando a los sujetos a la desesperación, al sentimiento de fracaso, al hastío y de nuevo a la carrera para recuperar lo que pierde, en un círculo infernal.

Mª Luisa de la Oliva (Psicoanalista)

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Un pensamiento en “Comentario a “Cosmética del enemigo” de Amélie Nothomb, por Mª Luisa de la Oliva

  1. Hola, me gustó mucho su argumentación sobre “Cosmética del Enemigo”. Admiro su capacidad de ver mucho más allá de la historia principal y ser capaz de reconocer la influencia de diversas obras, en especial filosóficas. La felicito profundamente por su trabajo. Saludos desde México.

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