Quién es quién en “El amante”, de Marguerite Duras. Por Concha M. Miralles

Afirmaba Marguerite Duras en una entrevista que, después de su rehabilitación como alcohólica, ella seguía siendo alcohólica. Se definía como “una alcohólica que no bebe”, como si el haberlo sido fuera una condición que ya nunca podía borrarse, algo que la definiría de por vida. Eso, y mucho antes, su condición vital de escritora la marcarían definitivamente. A los 9 años ya sabía que, por encima de todo, ella quería ser escritora. Más allá de querer, necesitaba hacerlo y ser escritora también se convirtió en una condición de su vida. Pero… ¿de qué escribió M.D?

Su escritura es tan personal que creó un estilo propio: “el estilo Duras”, que formó escuela. Criticadas y admiradas al mismo tiempo, sus experimentaciones técnicas siguieron un camino nuevo y cautivador.

Por otro lado, siempre, detrás de su obra estuvo la influencia del alcohol. Sólo hay dos libros que M.D reconoce como escritos sin la influencia del alcohol: Le ravissement de Lol V. Stein (1964); el otro es precisamente El amante.

Escribió este último libro a los 70 años, después de emerger de un duro proceso de desintoxicación alcohólica. Cuarenta y un años después de publicar su primera novela, Marguerite Duras se convierte de la noche a la mañana, con El amante, en una autora solicitada por todos los públicos. Y, además, recibe poco después, en noviembre de 1984, el prestigioso Premio Goncourt. Doscientos mil ejemplares del libro estaban ya vendidos cuando esto ocurrió. A todos emociona sin duda esta narración autobiográfica en la que la autora expresa, con la intensidad del deseo, esa historia de amor entre una adolescente de quince años y un rico comerciante chino de veintiséis.
Inmediatamente se hizo célebre el nombre de Marguerite Duras, cuando ya po­seía una obra abundante y dispersa. Para los aficionados a la literatura, pese a todo, su obra ya era conocida, y el premio no resultaba ni sorprendente ni injustificado. Contaba en su haber con veinte novelas, dieciocho películas, catorce obras teatrales propias y seis adaptaciones ajenas, numerosos artículos, cuatro libros más de ensayos… Pero El amante resultó ser en aquel momento el final y el resumen de esta escritora prolífica. Contribuyó, sin embargo, a potenciar el boom de ventas una entrevista con la escritora aparecida en la revista Le Nouvel Observateur, y despues una emisión de televisión que le fue consagrada, dentro del programa literario semanal Apostrophes. La reaparición de Marguerite Duras ante su público, después de unos años de carrera literaria minoritaria y vacilante, y de su curación del alcoholismo atrajo numerosos lectores. Esto no es nuevo, aunque cada vez que ocurre cabría preguntarse por qué, ¿por qué atrae de una manera, en cierto modo morbosa, el devenir de la vida personal de los artistas y personas célebres…? En este caso se decía que la obra era autobiográfica, que  indagaba en los aspectos íntimos de los amores de juventud de M. D., prohibidos en varios sentidos.

Las tres principales corrientes del arte «narrativo» de Marguerite Duras se bifurcan entre la novela, el teatro y el cine. Desde su tercera novela, Un barrage contre le PacifiqueUn dique contra el Pacífico»), considerada una obra maestra, se contenían ya los principales datos argumentales de la obra de la escritora. Se publicó ésta en 1950 y fue adaptada al cine por el director Rene Clément, y su argumento sería una constante en toda la obra posterior de la escritora: las desventuras de una mujer viuda y con tres hijos, pequeña funcionaría francesa en Indochina, que adquiere una concesión agrícola según el sistema de la administración colonial para hacer fortuna mediante su explotación. Fue exactamente lo mismo que le sucedió a la madre de la escritora, que obtuvo -pagando las prescriptivas corruptelas coloniales- una concesión agrícola que resultó ser inviable, ya que las aguas del Pacífico la inundaban durante seis meses al año. La madre lucharía por estas tierras, construyendo un dique que las salvaguardara de las inundaciones, pero fracasó, y tuvo que malvivir con sus tres hijos. En su obra teatral L’Eden Cinéma y en El amante surgen los mismos episodios, los mis­mos personajes y los mismos escenarios, con decididas variaciones de enfoque, como si en cada una de sus obras fijara la atención en alguno de los personajes o de las escenas y se recreara en ellos, o como si se tratara de las variaciones musicales de una pieza musical…

Y, si se trata de una variación, sobre más de lo mismo en otra obra ¿cuál es el punto de enfoque que adopta la autora en El amante? Para empezar, el tema sobre el que se sitúa es un motivo de escándalo: se trata de los amores entre una niña blanca de quince años de edad y un joven y rico comerciante chino, en el Vietnam –entonces se llamaba Indochina– dominado por el colonialismo francés de los finales años veinte. Ya se sabe que la obra de Marguerite Duras surge precisamente de aquellos mismos parajes, donde nació y vivió la propia escritora. El argumento resuena como el reflejo de múltiples ecos, como si proviniera de muchas de las obras anteriores de Marguerite Duras. Otra variación de una misma obra, de un mismo argumento, pero enfocando de pronto a la provocadora jovencita con sombrero de hombre. En efecto, El amante parece suceder temáticamente a Un dique contra el Pacífico,  y en sus páginas vemos cómo aparecen los personajes de L’Eden Cinema, y los de India Song.  Estos argumentos proceden de la propia autobiografía de M.D, aunque por otro lado, ella misma se desdice una y otra vez de una ‘historia’ que no desea historizar (es famosa la desvirtualización que solía hacer de los hechos reales relacionados con su vida: cambiaba fechas, datos, sucesos…). ¿Qué es entonces lo autobiográfico en la obra de M.D? Tal vez esos supuestos datos autobiográficos es preciso tomarlos como fruto de la fantasía de una escritora que reinventa su vida una y otra vez.

El lector, en El amante no encontrará la dosis de erotismo exarcebado de otras obras, sino que  se sentirá arrastrando hacia oscuros dominios donde el placer rinde homenaje a la búsqueda omnipotente del deseo.  En El amante el deseo se escribe con mayúsculas. Se trata de la historia de un aprendizaje, iniciática, de una joven ante el descubrimiento de su propio deseo: el sexual, por un lado, y el deseo vital de ser escritora, por otro. El descubrimiento de una feminidad, de un deseo como mujer frente a un mundo en el que se sitúa con valentía y decisión.

Ella -¿una joven y atractiva Marguerite Duras reinventada por ella misma muchos años después?- sabe en El amante lo que quiere, y sabe lo que tiene que hacer para lograrlo… Y parece como que ambos deseos: el que le impone el descubrimiento de su feminidad, y el deseo de ser escritora, confluyen en algún punto común de su existencia difícil de encuadrar en un tiempo lógico, aunque sí en el tiempo del inconsciente. Tal vez es allí donde el deseo de escribir y la escritura del deseo se funden en Marguerite Duras.

                                   Concha M. Miralles

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