Crónicas tertulianas, por Alguien que estuvo allí

 

Tertulia nº 5: 18-01-2013. “Cuento de Navidad”, de Charles Dickens.

La navidad literaria de Dickens nos llegó pisándole los talones a esa otra recién acabada que a medida que pasan los años se nos va presentando menos cristiana, pagana o profana –depende de los gustos-, más centrada y animada por el goce consumista y menos hablada y cantada. Tras el hartazgo de felicidad que suele ser habitual darse por estas fechas – Feliz Navidad, Felices Pascuas, Feliz Año, Felicidades, Merry Christmas, etc-, llegamos a nuestra tertulia, ya con los sentidos desentumecidos, para hablar sobre la Navidad y sobre Dickens.

 

La tertulia comenzó haciendo un breve recorrido por la navidad a través de la literatura. El cuento de Dickens quedó enmarcado como uno de los más emblemáticos y renovadores. Se dieron algunas pinceladas sobre la vida y obra de Charles Dickens, así como sobre el contexto social de su época y sobre la influencia que el escritor ha tenido, incluso en el lenguaje. Entre otros, Freud, Nietzsche o Kafka fueron grandes admiradores de su obra.

 

Se habló de Marley como alter ego de Scrooge. Hacía siete años que Marley estaba muerto y, sin embargo, el cartel que anunciaba el negocio seguía conservando los nombres de los dos socios. Podría decirse que en ese lugar Scrooge seguía hablando en nombre de los dos. Durante la tertulia se hizo notar que el fantasma de Marley aparece el mismo día en el que Scrooge se niega a dar un donativo para los más necesitados, ni en su nombre ni en el del antiguo socio. Es lo que el difunto vino a reprocharle…

También se hizo notar la mayor importancia del último de los fantasmas, el que le hace ver su muerte futura, en la transformación que sufre el personaje. Ese verse morir solo y expoliado es lo que le permite concluir, abandonar su encierro egoísta y salir precipitadamente a la calle en busca de la gente.

Asímismo, recordando otra tertulia anterior, se puso de manifiesto la diferencia entre el fantasma del Horla, de Maupassant, y el de Scrooge. En aquel caso el sujeto vivió la experiencia de una forma completamente loca, extraña y ajena a sí mismo. Por el contrario, Scrooge fue capaz de reconocerse en los dichos y hechos que sus fantasmas le representaban, lo cual le permitió desprenderse de ellos. No estaba loco, más bien era un obsesivo que lo retenía todo, no sólo el dinero; incluso evitaba que lo saludasen y le diesen los buenos días para no tener que darlos él.

Se habló de Weber y de la importancia que este autor atribuye al tipo de carácter forjado por el protestantismo en la formación del espíritu capitalista, así como de la diferencia entre aquellos primeros amasadores de dinero, más del tipo patrón de barrio, y los actuales, más lejanos e inescrutables. Se mencionaron las teorías malthusianas de la población, que Scrooge parece abrazar. Se trató la semejanza entre la experiencia fantasmática de Scrooge y la analítica, y si aquella tuvo o no tuvo un impacto duradero sobre el personaje.

Tal vez la cuestión que quedó por plantear fue la de si pueden darse experiencias personales no enmarcadas en el dispositivo analítico que provoquen esa rectificación subjetiva que trae consigo el análisis.

Pero el tiempo se nos iba, como a Scrooge, y Marguerite Duras con su Amante ya nos estaba esperando. Sería a la vuelta de cuatro semanas, tras el día de los enamorados.

 

Alguien que estuvo allí

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