Crónica de la Tertulia 2, “El Horla”, de Guy de Maupassant

Ayer, 8 de Junio, tuvo lugar la segunda tertulia de Deletreados en La Azotea, donde unas 20 personas se reunieron para comentar “El Horla”, un inquietante relato del escritor francés Guy de Maupassant que narra de manera breve e intensa el viaje de un hombre hacia la locura.

El narrador del relato cuenta su delirio a modo de diario, explicando la angustia que le produce una extraña presencia que él llama “lo Invisible”. Tratando de ubicar el inicio de la locura, una tertuliana señalaba el momento en el que el narrador saluda, “sin saber por qué”, al barco donde viajaba ese Ser invisible al que después llamará “El Horla”. Se trata de la idea de “el doble”, comentaban, “una percepción alterada de la propia identidad”. Un sujeto cuestionado hasta el punto de que alguien aseguró que “es casi una ausencia, porque nada se sabe de su aspecto”.
Esa angustia por una presencia que lo persigue y que trata de asfixiarlo en sus pesadillas, es la sensación imperante en el relato. “La angustia es una experiencia límite distinta al miedo, porque se refiere a algo que se desconoce”, comentaba una tertuliana.

Pero, ¿en qué contexto cultural escribe Maupassant este relato? Un asistente recordaba que en la literatura del siglo XIX se produce un contraste entre fantasía y realidad con personajes como Drácula o Jekyll y Mr. Hyde, y aumenta el interés por los saberes alternativos como el espiritismo. “El Romanticismo cuestiona la racionalidad de la Ilustración, y establece que “lo real” es frágil”.

  Un asistente trataba de dar una explicación lógica al delirio del personaje de Maupassant. “Estaba completamente solo. ¿No tiene amigos, no tiene mujer? ¿Cómo alguien en una soledad tan dramática no va a tener alucinaciones?“ Alguien respondió que en la época de Maupassant se daba una aristocracia del dolor. “El personaje romántico está solo, apartado, débil y casi enfermo”. También se habló del posible carácter autobiográfico de “El Horla”, ya que Maupassant sufría de delirios debido a su sífilis y tuvo varios intentos de suicidio.

                Al final de este fascinante viaje por el mundo de Maupassant, un tertuliano pedía una obra menos angustiosa para la siguiente tertulia. Veremos si Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes, satisface su petición.

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