Crónica de las Veinticuatro horas. Tertulia 1

El pasado viernes tuvo lugar la primera reunión de Deletreados en la asociación cultural La Azotea de Murcia. Inspirados y apoyados por la tertulia madrileña Liter-a-tulia, unas 25 personas se dieron cita para hablar de la primera obra elegida: “Veinticuatro horas en la vida de una mujer”, de Stefan Zweig.

¿Por qué una mujer estaría dispuesta a arriesgar todo por un joven al que acaba de ver perder toda su fortuna en un casino? En torno a este extraño impulso que Zweig describe en su novela, los contertulios hacían intervenciones, entrando a escena como las letras sueltas de un juego dispuestas en la mesa para formar e intercambiar pensamientos.
“A Mrs C solo se le hace soportable su pasión por ese joven cuando la reviste de un acto caritativo”, apuntaba una asistente sobre el deseo de salvarle la vida que la protagonista de la novela siente hacia el jugador desconocido.

Se planteó la diferencia entre una mujer y una mujer histérica. Alguien comentó que la protagonista se enamora de un suicida. “¿Qué deseo hay puesto ahí? Solo ve el goce de él en el juego, las manos que ella miraba con tanto embeleso sólo le servían a él para jugar”, comentaba otro participante, haciendo referencia a la voluntad frustrada de Mrs C de que el joven intercambiara su pasión por el juego por pasión hacia ella misma.

Otra intervención se centró en el momento histórico y cultural en el que se desarrolla la historia. Se trata del periodo de entreguerras, muy fructífero en el ámbito cultural, pero, a la vez, una época convulsa y de incertidumbre que llevó al suicidio a algunas de las personalidades más relevantes de la cultura europea del momento.
Un lector se mostraba inquieto por la fijación de Mrs C en las manos del jugador cuyo nombre no llega a conocer. “Las manos solo las quería para jugar; lo que tendría que haber hecho es mirarle a los ojos”, decía convencido.

En su recta final, la charla dio un giro hacia la vida, el oficio creador y el suicidio decidido y ordenado de Zweig. ¿Se debió este a su pesadumbre por pertenecer a una Europa en ruinas, donde se censura su obra y se la persigue, o su suicidio está vinculado a una patología? “El problema del suicida es que cuando lo consigue, ya no habla”, concluía un asistente.

Post-tertulia.

Me contaron que, a la salida, algunos de los tertulianos se fueron a cenar a un restaurante argentino. Allí brindaron por todos los personajes de la obra, Mrs C, Mme Henriette, su marido, el joven jugador, el conde ruso, el que escucha sin juzgar ni condenar, etc. A la altura de los postres se volvió a brindar, en esta ocasión por Argentina, y luego por los argentinos. Algunas lo hicieron por las carnes de los argentinos y otros, no menos entusiastas, por sus vinos. Y también, claro está, por esta primera reunión que dio por inauguradas las tertulias de Deletreados.


Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s