DEL TEXTO AL TEJIDO. Comentario a “El Capote”, de Nicolái Gógol

Hay dos elementos fundamentales sobre los que transcurre el argumento de esta historia, así como  la vida y muerte de su protagonista.

El primero tiene que ver con el texto. Akakiy Akakievich es copista, se dedica a copiar textos, y “Fuera de estas copias, parecía que en el mundo no existía nada para él”. El segundo es el capote, una prenda de vestir  indispensable y sin la cual no se podrían soportar las condiciones extremas del clima petersburgués.

Ambos elementos, el texto escrito y el capote, parecen muy diferentes, y sin embargo, si hacemos uso de la etimología, es posible establecer analogías entre uno y otro y atisbar el sentido de la continuidad con la que aparecen en el relato. Texto viene del latín textus, participio de texo, del verbo texere, del que derivan tejer y tejido. El texto también es un tejido, un tramado, un trenzado de letras.

De esta forma podemos esperar que el capote nos aclare el sentido y la función que la copia de letras tenía para este personaje, ya que le aportaría un valor metafórico.

Akakiy Akakievich sufre, asimismo, de dos tipos de inclemencias. Una, la más manifiesta, eran las heladas que azotaban la ciudad. Para protegerse de aquéllas necesita el capote. El clima petersburgués no era clemente, no era indulgente, calmado, apacible y moderado, como sí lo era el propio Akakiy, que, además, tenía que protegerse de la inclemencia de sus propios compañeros de trabajo. El paciente copista tenía que soportar las pesadas bromas de algunos de los empleados, que se divertían a su costa “…contando en su presencia toda clase de historias inventadas sobre él y su patrona, una anciana de setenta años. Decían que ésta le pegaba y preguntaban cuándo iba a casarse con ella y le tiraban sobre la cabeza papelitos, diciéndole que se trataba de copos de nieve. Pero a todo esto, Akakiy Akakievich no replicaba nada, como si se encontrara allí solo. Ni siquiera ejercía influencia en su ocupación, y a pesar de que le daban la lata de esta manera, no cometía ni un solo error en su escritura. Sólo cuando la broma resultaba demasiado insoportable, cuando le daban algún golpe en el brazo, impidiéndole seguir trabajando, pronunciaba estas palabras:

-¡Dejadme! ¿Por qué me ofendéis?”

Akakiy era totalmente impermeable a este tipo de temporales, de cuya inclemencia solo se quejaba cuando le dificultaba o impedía seguir tejiendo las letras de sus copias. De aquella tormenta de papelitos que tiraban sobre su cabeza como si fuesen copos de nieve, Akakiy se defendía con el capote de la escritura. Una escritura que no podía contener variaciones ni añadidos. Debía ser idéntica a sí misma, sin autor, para así mejor cumplir su función de refugio natural. Gozaba sobre todo con lo más material de la escritura, con las letras. “Algunas letras eran sus favoritas, y cuando daba con ellas estaba como fuera de sí: sonreía, parpadeaba y se ayudaba con los labios, de manera que resultaba hasta posible leer en su rostro cada letra que trazaba su pluma”.

Akakiy no escribía palabras, frases o discursos. Escribía letras y las letras iban con él trenzadas como una segunda piel. Como luego irá el capote: “Desde aquel momento diríase que su vida había cobrado mayor plenitud; como si se hubiera casado o como si otro ser estuviera siempre en su presencia, como si ya no fuera solo, sino que una querida compañera hubiera accedido gustosa a caminar con él por el sendero de la vida. Y esta compañera no era otra, sino… el famoso capote”.

Resulta inevitable establecer paralelismos entre éste y aquél otro ilustre copista que fue Bartleby

Tanto uno como el otro son personajes muy poco dotados para soportar los rigores de las relaciones humanas. Ambos son víctimas del rigor con el que se aplican los reglamentos y protocolos del sentido común al que debe sujetarse la convivencia. Bartleby lleva hasta el final el proceso de exclusión social y muerte al que lo conduce su falta de sentido común. La muerte de Akakiy parece ser algo más precipitada e inesperada. Sin embargo ambas suceden cuando se ha perdido el último refugio.

Cuando Akakiy consigue su nuevo abrigo, deja de escribir: “Comió alegremente y contrariamente a lo acostumbrado, no copio ningún documento”. Mientras que antes del abrigo: “Cuando notaba que el estómago empezaba a llenársele, se levantaba de la mesa, cogía un tintero pequeño y empezaba a copiar los papeles que había llevado a casa. Cuando no tenía trabajo, hacía alguna copia para él, por mero placer”.

Desde que tiene su abrigo, ya no necesita copiar textos. Por lo tanto, la pérdida del abrigo lo deja en la misma intemperie en la que lo dejaba el no poder seguir copiando letras.

Por su parte, Bartleby también decide dejar de hacer copias cuando convierte la oficina donde trabaja en su casa. Tanto un capote como un hogar cumplen funciones de abrigo, acogimiento, refugio y protección, pero, a la vez, recluyen, aíslan y agravan la inanición social de la que sufren estos personajes, y que ambos habían ido mitigando con el vínculo laboral que su trabajo de texto les permitía establecer. Sin la escritura, sin el capote y sin el hogar, tanto Akakiy como Bartleby mueren de desamparo.

Gabriel Hernández.

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El despertar de la ternura. Comentario a “El capote”, de Gogol. Concepción M. Miralles

Normalmente, las tertulias de Deletreados arrancan con una breve presentación del perfil del autor y de la obra que nos convoca y, aunque es una tarea que podría hacer muy bien cualquiera de las personas que asisten a la tertulia, suelo ser yo quien lo hace. De la información que extraje sobre Gogol y “El capote” selecciono dos ideas importantes:

La primera, que “El capote” es el primer relato ruso que habla del hombre de la calle. Hasta entonces la literatura rusa sólo escribía sobre personas importantes y fabulosos viajes a países extranjeros, como si la cultura rusa y sus gentes no fuesen dignos de ocupar las páginas de la literatura. Este nuevo acto de escribir a pie de hombre de calle ejerció gran influencia en autores como Dostovieski, Chejov o Tolstoi.  «Todos venimos de El capote de Gógol.» escribió Dostoiesvki. De tal suerte que podemos decir que gracias a “El capote” nació “Ana Karenina” y “La madre”, entre otras obras destacadas.

La segunda, que el hombre de la calle que tiene tal relevancia para las letras rusas, el protagonista de “El capote”, es un hombre muy humilde, Akaki Akákievich Bashmachkin, un conmovedor personaje capaz de despertar la ternura y la compasión en el lector. Y es de esto de lo que quiero hablar…

Pienso en el punto justo del relato en el que verdaderamente sentí una ternura irremediable por Akaki, y creo identificarlo con claridad. Es ese momento en el que Akaki todavía se resiste a la desorbitada idea de tener que comprarse un capote nuevo e intenta por todos los medios convencer al sastre, ese curioso personaje tuerto y aficionado al alcohol, para que le arregle su viejo y desgastado abrigo y no vérselas teniendo que afrontar un gasto imposible para él. Akaki, tan parco en palabras propias como minucioso en la reproducción manuscrita de las de los demás, ensaya la vuelta al sastre con la esperanza de encontrarlo ebrio y así, mermado su juicio crítico sobre el estado de la tela, consienta en ponerle unos remiendos. No lo consigue, claro. Petrovich, el sastre, ni harto de vino consiente en ello, pues se toma muy en serio su oficio y no malgasta su tiempo en coser lo que no tiene remedio, pero Akaki ahí, en ese momento, tocó con punzada de aguja mi corazón lector y enhebró la ternura a su favor. Tanto que, aunque se trate de costuras bien diferentes, su nombre alcanza el pódium de esos que nunca más se olvidan, junto a Gregor Sansa y al singular Bartleby el escribiente.

 

 

LA CITA QUE VIENE

Los empleados jóvenes se mofaban y chanceaban de él con todo el ingenio de que es capaz un cancillerista -si es que al referirse a ellos se puede hablar de ingenio-, contando en su presencia toda clase de historias inventadas sobre él y su patrona, una anciana de setenta años. Decían que ésta le pegaba y preguntaban cuándo iba a casarse con ella y le tiraban sobre la cabeza papelitos, diciéndole que se trataba de copos de nieve. Pero a todo esto, Akakiy Akakievich no replicaba nada, como si se encontrara allí solo. Ni siquiera ejercía influencia en su ocupación, y a pesar de que le daban la lata de esta manera, no cometía ni un solo error en su escritura. Sólo cuando la broma resultaba demasiado insoportable, cuando le daban algún golpe en el brazo, impidiéndole seguir trabajando, pronunciaba estas palabras:

-¡Dejadme! ¿Por qué me ofendéis?

EL CAPOTE. Nicolai Gogol

Próxima tertulia, El capote de Nikolai Gogol

Queridos amigos de Deletreados:

Aunque aún no aprietan los calores estivales, nuestra reunión del mes de mayo nos lleva a los fríos paisajes de Rusia, de la mano de NIKOLAI GOGOL, uno de los más notables escritores rusos del S. XIX,

El relato escogido para la ocasión es “EL CAPOTE”, no sólo por ser uno de los  más conocidos del autor y por reflejar muy bien la esencia de su literatura: realismo crítico, sentido del humor y elementos fantásticos, sino porque, tanto el argumento como la forma literaria, una vez más, nos darán motivos de reflexión y análisis desde la mirada del psicoanálisis.

Os esperamos!

 

FECHA: VIERNES 18 DE MAYO DE 2018

HORADe 19.00- 20.30 h, aprox.

LUGAR: CAFETERÍA EL PÓRTICO, junto al hotel Arco de San Juan

TEXTO: EL CAPOTE, NIKOLAI GOGOL

Próxima tertulia: IBN ARABÍ

COMENTARIO A “DAFNIS Y CLOE” DE LONGO

Ya en el Proemio nos informa el autor sobre la finalidad didáctica de esta historia en lo que se refiere a las cosas del amor.

La historia de Dafnis y Cloe es el relato de las vicisitudes por las que pasa el aprendizaje sobre el amor y el sexo de dos niños que se van haciendo adultos sexuales. Casi lo podemos leer como un manual sobre el desarrollo psicosexual.

Lo primero que aparece es el afecto, un estado pasional en bruto, por el que se sienten invadidos forma totalmente inesperada, y que cada uno de ellos lleva a cuestas de forma individual sin pensar que la solución a su mal pueda pasar por aquél que la causó. De hecho tendrá que venir Filetas a explicarles que eso que les pasa no es una enfermedad sino que se llama amor y que las cosas del amor no se llevan así, sino que hay que juntarlas, juntarse, porque el origen de ambos males es común. Hay un Dios que se llama Amor que es el responsable de que esta atracción surja entre ambos. Y les dice:“no hay remedio para el amor, ni filtro ni ensalmo ni manjar con hechizo. No hay más que beso, abrazo y acostarse juntos desnudos”.

Y en esto se les va el primer curso, en poner cerca esos dos malestares, tocarse, besarse, juntarse. Pero el resultado no es del todo satisfactorio, aunque obtienen un cierto consuelo.

De esta primera fase podemos decir que la sexualidad ya ha aparecido, pero que aún no se ha puesto en relación con lo genital, y esta forma de plantear las cosas del amor en su inicio pone a Longo en relación con el planteamiento freudiano según el cual hay un primer florecimiento de la sexualidad que se caracteriza por ser una sexualidad pregenital. Longo también diferencia claramente, al igual que lo hará Freud, entre sexualidad y genitalidad.

La intervención de Filetas supone un avance, pero Dafnis y Cloe siguen en la etapa pregenital. Ya juegan juntos, no va cada uno por su lado, pero ese estar juntos consiste en ponerse uno frente al otro y juntar las bocas, las manos, el cuerpo. Se colocan de forma simétrica, uno frente al otro, como si cada uno fuese el espejo o la imagen del otro.

Y de nuevo Longo anticipa en este relato esa otra fase del desarrollo psicosexual que Freud definirá como la fase del narcisismo o lo que Lacan llamará el estadio del espejo, donde uno se enamora de sí mismo o de aquél que le hace de espejo. En términos freudianos podríamos decir que han pasado de la fase autoerótica a la narcisista. Lo cual supone que, a pesar de su avance, aún no pueden darle a su relación la dimensión de la profundidad, ya que la sitúan en el espejo plano, en un plano de dos dimensiones.

Y de hecho, puesto que así la cosa no les funciona, lo siguiente que harán será introducir la diferencia en las posiciones. Observan a los animales y se dan cuenta de que hay diferencias de función y de posición. No sólo se trata de estar juntos, como les dice Filetas, se trata de estar juntos pero marcando las diferencias entre ellos.

Pero Longo nos dice que aún no es suficiente.  Que no basta con aprender el funcionamiento de la sexualidad natural o animal. Parecen tenerlo todo servido y, sin embargo, aún les falta algo. El autor aún no da por concluido el período formativo.

Dafnis y Cloe no pueden culminar el acto sexual como macho y hembra, tendrán que hacerlo como hombre y mujer. Sin esa diferencia sexual, la diferencia genital no parecen darse por aludida en esta historia. Y no es que no deban hacerlo como macho y hembra, lo que la historia nos dice es que no pueden.

Esta historia deja claro que la sexualidad humana no es una cuestión ni fundamentalmente genética -Dafnis y Cloe no nacen sabiendo- ni fundamentalmente de aprendizaje, sino que integra otro elemento que sería el deseo, sin el cual la genética y el aprendizaje son insuficientes para alcanzar el encuentro sexual. Longo no disponía de los modernos conocimientos que las neurociencias y ciencias del aprendizaje ponen a nuestra disposición, y sin embargo estaba más cerca de la verdad.

Y otra de las verdades por las que también se deja atrapar es que el deseo que permite avanzar hasta el encuentro amoroso, lo traen siempre los otros.

El primer beso entre Dafnis y Cloe lo provocó el deseo de Dorcon por Cloe, luego viene Filetas como enamorado del amor, y más tarde será Licenión, y su deseo por Dafnis, la que finalmente deje a este en disposición de poder, como hombre, abordar a Cloe como mujer, mostrándole la diferencia sexual y la dimensión traumática que lleva consigo.

Sin la intervención de estos personajes deseantes, Dafnis y Cloe seguirían desorientados e incapaces, sin saber hacia donde ni cómo dirigir su impulso amoroso, sin saber eso que supo Cloe sólo a partir del momento en el que pasó a ser la mujer de Dafnis:“y Cloe conoció por primera vez que todo lo hecho antes, entre las matas y en la gruta, no eran más que simplicidad o niñería”.

Gabriel Hernández

PRÓXIMA TERTULIA: IBN ARABÍ

Queridos amigos de DELETREADOS, las tertulias de LITERATURA y PSICOANÁLISIS:
 
Después de los enamorados Dafnis y Cloe y de la exquisita tertulia que habló de ellos, preparamos con ganas la correspondiente al mes de marzo. Proponemos para esta vez acercarnos a una de las figuras más internacionales y de mayor influencia en las artes y las ciencias, el místico murciano IBN ARABI, de cuya importancia dan idea los sobrenombres con los que se le conoció: Vivificador de la religión o El maestro más grande. 
Para ello, contaremos con la presencia de Pablo Beneito, Doctor en Filología Árabe por la Universidad Complutense de Madrid , profesor en la Universidad de Murcia, y uno de los mejores conocedores, traductores y divulgadores de la obra de Ibn Arabi .
Por consejo y gentileza de Pablo, adjuntamos una selección de poemas, así como la introducción de libro “El intérprete de los deseos”, que servirán para aproximarnos a la obra de I.A y explorar los ecos que puedan encontrarse con el psicoanálisis.
FECHA: VIERNES 2 DE MARZO DE 2018
HORA: De 19.30- 21.00 h, aprox.
LUGAR:CAFETERÍA EL PÓRTICO, en el Arco de San Juan
TEXTO: SELECCIÓN DE POEMAS  E INTRODUCCIÓN DE “EL INTÉRPRETE DE LOS DESEOS”, IBN ARABI.
IMPORTANTE: Como sabéis, hemos cambiado de local para nuestros encuentros. Ahora nos reunimos en torno a un café o refresco en la CAFETERÍA EL PÓRTICO, en el Arco de San Juan, junto al hotel y frente a la Comisaría de Policía, en la antigua calle de Correos.
¡TAMBIÉN IMPORTANTE! Las personas interesadas en asistir a esta tertulia, por favor, que contacten con nosotros por medio de e-mail a deletreados@gmail.com y les enviaremos el archivo con los textos que llevaremos en la tertulia.
Muchas gracias.

Dafnis y Cloe, de Ravel, un regalo para los oídos

 

El compositor francés Maurice Ravel compuso una sinfonía coreográfica inspirada en la obra del escritor griego Longo, Dafnis y Cloe, a la que dio el mismo título. Ravel comenzó a trabajar en la partitura en 1909, que fue estrenada en el Theatre du Châtelet en París en 1912. La obra, de aproximadamente una hora de duración, es la obra más larga de Ravel. La música, una de las más apasionadas del compositor, es ampliamente considerada como una de las mejores de Ravel, con armonías extraordinariamente exuberantes típicas del  impresionismo musical.